Dos derrotas de Mayer, cero de la prensa

Nuestra obligación es informar y señalar, aunque eso moleste.

La libertad de expresión es un derecho ganado a pulso por la sociedad mexicana y reconocido en nuestra Constitución. No es un privilegio que dependa de los caprichos de políticos, actores frustrados o improvisados legisladores. Hoy quiero contarles a ustedes, lectores, lo que ha significado para mí enfrentar una demanda que, más que un litigio legal, fue un intento descarado de silenciarme, de callar mi voz y de doblegar a la prensa. Me refiero al pleito que emprendió Sergio Mayer, exactor de telenovelas venido a político plurinominal, quien interpuso en mi contra una demanda alegando que había perdido una supuesta reclamación millonaria por 2.5 millones de dólares. Sí, leyó bien: Mayer pretendía responsabilizarme de su descalabro legal y económico y, para colmo, quiso valerse de su cargo como diputado federal para inclinar la balanza de la justicia a su favor.

DOS INSTANCIAS, DOS DERROTAS PARA MAYER

La verdad es que no hay mejor defensa que los hechos. La justicia, aunque lenta, es clara: ya le gané dos instancias a Mayer. Los tribunales determinaron que sus reclamos carecían de sustento y que su intento de responsabilizarme era un ardid sin pies ni cabeza. Fue un golpe durísimo para él, acostumbrado a moverse con la soberbia de quien cree que un escaño plurinominal equivale a impunidad. Pero no se rindió. Quizá porque la derrota legal le dolió más en el ego que en la cartera, Mayer interpuso cuatro amparos en mi contra. Cuatro. Como si la estrategia fuera asfixiarme con trámites interminables, desgastarme a mí y a mi equipo, y al mismo tiempo mandar un mensaje a otros periodistas: “Si se meten conmigo, los acoso en tribunales”. De esos cuatro amparos, sólo uno fue admitido. Tres fueron desechados por improcedentes.

EL TRÁFICO DE INFLUENCIAS QUE ASOMA

En todo este proceso he visto algo preocupante: los manotazos de Mayer para intentar doblar las instituciones. Pretendió hacer tráfico de influencias, usar contactos, tocar puertas en el Poder Judicial para torcer la balanza. La justicia no está para servir caprichos personales, y mucho menos para ser herramienta de intimidación. No es casualidad que su proceder recuerde a los viejos tiempos del “llamado” o la “palanca”. ¿No debería Mayer estar ocupado en trabajar por la gente que supuestamente representa? ¿O acaso su curul plurinominal le sirve únicamente para blindarse y perseguir a quienes lo incomodan? Porque lo que ha hecho, en los hechos, es un atentado contra la libertad de expresión en México. Y eso es algo gravísimo.

PERIODISMO BAJO FUEGO

Quienes ejercemos el periodismo, en particular el de espectáculos, sabemos que no estamos exentos de polémicas. Preguntar incomoda. Investigar destapa y opinar duele a quienes prefieren que su verdad quede maquillada. Pero nuestra obligación no es quedar bien con los poderosos ni aplaudirles sus tropiezos. Nuestra obligación es informar y señalar, aunque eso moleste. El caso Mayer es un claro ejemplo de cómo algunos políticos disfrazados de servidores públicos pretenden intimidar a la prensa con demandas, presiones y campañas de desprestigio. Hoy me tocó a mí; mañana puede ser cualquier colega. Y si dejamos que estas prácticas avancen, estaríamos renunciando a uno de los pilares de la democracia: la crítica libre. Lo que está en juego, la batalla que he librado no es sólo personal, es la defensa de un principio: nadie, por influyente que se crea, tiene derecho a callarnos. Que quede claro: no me van a doblar. Ni Mayer ni ningún político, empresario o figura pública. Dos instancias ya fueron derrotas contundentes para él. El único amparo admitido seguirá su curso, pero estoy convencido de que la justicia prevalecerá. Quiero decirlo con todas sus letras: es una pena que un diputado federal plurinominal pretenda usar su puesto para venganzas personales y para atentar contra la libertad de expresión en México. Ese tipo de actitudes no sólo lo exhiben a él, exhiben a un sistema político que aún tiene fisuras por donde se cuelan los abusos.

DE FRENTE Y CON LA VERDAD

Al final, este episodio reafirma mi convicción de que el periodismo es incómodo porque dice lo que otros callan. Y que los intentos de censura, por más disfrazados que estén de demandas, amparos o tecnicismos legales, no deben prosperar en un país que aspira a ser libre. Sergio Mayer ya perdió dos veces, y, aunque siga pataleando, la historia pondrá cada cosa en su lugar. Mientras tanto, yo seguiré haciendo lo que sé hacer: hablar de frente, sin miedo y con la verdad. Porque callarme nunca ha estado ni estará en mis planes.

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