De primera mano: ocho años sin vuelta de hoja

Seguimos de pie, más fuertes, más vistos, más escuchados. Y lo mejor de todo es que esta historia apenas va por la mitad.

Cumplir ocho años en la televisión mexicana no es cualquier cosa. Mucho menos en un género tan competido, desgastado y, a veces, subestimado como lo es el del periodismo de espectáculos. Pero De primera mano, programa que tengo el privilegio de conducir y dirigir en Imagen Televisión, ha demostrado que la perseverancia, el rigor periodístico y la pasión por contar historias del entretenimiento pueden marcar la diferencia frente a la competencia.

Nacimos un mediodía, transmitiendo a las 12 del día, con una fórmula que combinaba actualidad, entrevistas exclusivas y análisis sin maquillaje del mundo artístico. Poco después, el horario se movió a la una de la tarde y, con el tiempo, lo que era una hora pasó a ser hora y media, después dos horas, hasta llegar a lo que somos hoy: dos horas y media de transmisión en vivo, de lunes a viernes, de 3:00 a 5:30 de la tarde.

En la televisión mexicana, ampliar la duración de un programa no es casualidad: es el reconocimiento de la audiencia y de la propia televisora al impacto logrado. En estos ocho años han pasado muchas cosas, pero si algo no ha cambiado es el compromiso. Con la producción impecable de Laura Flores Blanco y la conducción de un servidor, junto a colegas de enorme talento como Eduardo Carrillo, Addis Tuñón y Erika González, hemos construido una mesa sólida, dinámica y confiable.

La química del equipo no es fabricada: se respira en pantalla y se refleja en la credibilidad que nos otorgan millones de televidentes día a día. Hoy, sin vuelta de hoja, podemos decirlo con todas sus letras: somos el programa de espectáculos más visto de la televisión mexicana. Y no es un título que se otorgue a la ligera. La competencia es dura, las redes sociales han transformado el consumo de información y las plataformas digitales han multiplicado las voces. Sin embargo, la audiencia sigue eligiendo a De primera mano porque sabe que aquí se habla con seriedad, se da espacio a todas las versiones y no se le tiene miedo a la polémica.

Estos ocho años son también la confirmación de que el entretenimiento no es sinónimo de frivolidad. Hemos entrevistado a grandes figuras, dado voz a víctimas, abierto debates incómodos y acompañado a la industria en sus momentos más duros y también en sus celebraciones más luminosas. El camino no ha sido fácil: horarios cambiantes, la presión del rating, la exigencia diaria de estar al aire en vivo durante dos horas y media. Pero cada reto nos ha hecho más fuertes. Cada ajuste nos ha obligado a reinventarnos. Cada crítica, a perfeccionarnos.

Hoy, al mirar hacia atrás, me queda claro que el secreto de De primera mano es la autenticidad. Aquí no se improvisa la credibilidad. Aquí trabajamos con pasión, con respeto a la audiencia y con un compromiso inquebrantable de informar sin concesiones. Ocho años después, seguimos de pie, más fuertes, más vistos, más escuchados. Y lo mejor de todo es que esta historia apenas va por la mitad.

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