De primera mano: ocho años sin vuelta de hoja

Seguimos de pie, más fuertes, más vistos, más escuchados. Y lo mejor de todo es que esta historia apenas va por la mitad.

Gustavo A Infante

Gustavo A Infante

Última Palabra

Cumplir ocho años en la televisión mexicana no es cualquier cosa. Mucho menos en un género tan competido, desgastado y, a veces, subestimado como lo es el del periodismo de espectáculos. Pero De primera mano, programa que tengo el privilegio de conducir y dirigir en Imagen Televisión, ha demostrado que la perseverancia, el rigor periodístico y la pasión por contar historias del entretenimiento pueden marcar la diferencia frente a la competencia.

Nacimos un mediodía, transmitiendo a las 12 del día, con una fórmula que combinaba actualidad, entrevistas exclusivas y análisis sin maquillaje del mundo artístico. Poco después, el horario se movió a la una de la tarde y, con el tiempo, lo que era una hora pasó a ser hora y media, después dos horas, hasta llegar a lo que somos hoy: dos horas y media de transmisión en vivo, de lunes a viernes, de 3:00 a 5:30 de la tarde.

En la televisión mexicana, ampliar la duración de un programa no es casualidad: es el reconocimiento de la audiencia y de la propia televisora al impacto logrado. En estos ocho años han pasado muchas cosas, pero si algo no ha cambiado es el compromiso. Con la producción impecable de Laura Flores Blanco y la conducción de un servidor, junto a colegas de enorme talento como Eduardo Carrillo, Addis Tuñón y Erika González, hemos construido una mesa sólida, dinámica y confiable.

La química del equipo no es fabricada: se respira en pantalla y se refleja en la credibilidad que nos otorgan millones de televidentes día a día. Hoy, sin vuelta de hoja, podemos decirlo con todas sus letras: somos el programa de espectáculos más visto de la televisión mexicana. Y no es un título que se otorgue a la ligera. La competencia es dura, las redes sociales han transformado el consumo de información y las plataformas digitales han multiplicado las voces. Sin embargo, la audiencia sigue eligiendo a De primera mano porque sabe que aquí se habla con seriedad, se da espacio a todas las versiones y no se le tiene miedo a la polémica.

Estos ocho años son también la confirmación de que el entretenimiento no es sinónimo de frivolidad. Hemos entrevistado a grandes figuras, dado voz a víctimas, abierto debates incómodos y acompañado a la industria en sus momentos más duros y también en sus celebraciones más luminosas. El camino no ha sido fácil: horarios cambiantes, la presión del rating, la exigencia diaria de estar al aire en vivo durante dos horas y media. Pero cada reto nos ha hecho más fuertes. Cada ajuste nos ha obligado a reinventarnos. Cada crítica, a perfeccionarnos.

Hoy, al mirar hacia atrás, me queda claro que el secreto de De primera mano es la autenticidad. Aquí no se improvisa la credibilidad. Aquí trabajamos con pasión, con respeto a la audiencia y con un compromiso inquebrantable de informar sin concesiones. Ocho años después, seguimos de pie, más fuertes, más vistos, más escuchados. Y lo mejor de todo es que esta historia apenas va por la mitad.

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