Cuando el espectáculo recupera su dignidad
La entrevista con don Eric del Castillo y doña Kate Trillo es un recordatorio de que aún existen figuras que honran su oficio Hay entrevistas que se esperan; otras simplemente suceden. Pero pocas se construyen, se trabajan, se persiguen hasta convertirse en un documento ...
La entrevista con don Eric del Castillo y doña Kate Trillo es un recordatorio de que aún existen figuras que honran su oficio
Hay entrevistas que se esperan; otras simplemente suceden. Pero pocas se construyen, se trabajan, se persiguen hasta convertirse en un documento que vale más por su contenido que por su rating. Este sábado, a las 8:00 de la noche, en el invitado en El minuto que cambió mi destino sin censura, por Imagen Televisión, presentaremos una de esas conversaciones que obligan al público a detenerse y escuchar. No por morbo, no por escándalo barato —ése que hoy abunda—, sino por respeto a las trayectorias que sí importan. Los invitados: don Eric del Castillo y su esposa, doña Kate Trillo. Dos presencias quienes, juntas, representan décadas de trabajo, disciplina, coherencia y una resistencia que sólo se entiende cuando se escucha la vida desde sus propias voces. Y aunque a don Eric es relativamente fácil convencerlo para sentarse a una entrevista profunda, debo admitir que lograr que doña Kate entrara al foro fue otro tipo de batalla. Una que requirió paciencia, confianza y argumentos sólidos. ¿Cómo se logró? Lo descubrirán este sábado. Pero adelanto algo: cuando una mujer como ella decide hablar, lo hace porque siente que ya es momento, porque sabe que callar también es una forma de complicidad.
El niño que creció en medio del incendio, literal y emocional: don Eric del Castillo se presenta ante la cámara con la lucidez de quien ha reflexionado su vida y con la libertad de quien no tiene nada que ocultar. Habla sin miedo, pero también sin necesidad de adornar nada. Y en esa franqueza está el valor principal de la entrevista. Uno de los momentos más potentes llega cuando confiesa que en su infancia cargó con un “complejo” que sólo entiende quien ha vivido amores infantiles intensos y relaciones familiares turbulentas. Don Eric cuenta que estaba enamorado de su madre, como muchos niños, pero que la llegada del segundo esposo de ella complicó todo. Es la primera vez que lo narra con este nivel de desnudez emocional. Y si eso fuera poco, agrega la tragedia que marcó su vida de forma definitiva: la muerte de su padre, un bombero que perdió la vida en un incendio dentro de una tlapalería. Un hecho tan dramático que pareciera ficción, pero que explica de raíz la fortaleza de carácter, la disciplina y la enorme carga emocional que ha acompañado al actor durante toda su trayectoria.
Es imposible no preguntarse cuánto del hombre que todos admiramos nació en ese fuego y cuánto se forjó después, en la soledad del niño que tuvo que aprender a sobrevivir a golpes de realidad.
Doña Kate Trillo: la voz que siempre merecimos escuchar
Si la historia de don Eric conmueve, la participación de doña Kate Trillo sorprende, sacude y, sobre todo, aclara. No es mujer de reflectores, pero tampoco es mujer de silencios resignados. Y cuando decide hablar, lo hace con precisión quirúrgica. Cuenta, sin rodeos y sin buscar protagonismos, los problemas que vivió su hija Kate del Castillo durante su matrimonio con Luis García. No hay exageraciones, no hay victimismos, pero sí una claridad que desmonta versiones acomodadas y discursos superficiales. Doña Kate habla como lo que es: una madre que luchó, que acompañó, que se preocupó y que, aun así, vio a su hija enfrentarse a situaciones que ninguna mujer debería normalizar. Aborda también la famosa entrevista de su hija con El Chapo Guzmán, un episodio que marcó no sólo a Kate, sino a toda la familia. Y lo hace desde la intimidad, desde la preocupación genuina y desde la frustración ante el juicio público que pocas veces tomó en cuenta que, detrás de la actriz, había una hija, una hermana y una mujer que creyó estar haciendo lo correcto.
Doña Kate ofrece algo que los realities han destruido: perspectiva humana, ésa que no cabe ni en un titular ni en un clip de 15 segundos diseñado sólo para generar morbo.
La industria del golpe y el insulto
Aquí es donde vale la pena detenerse y ser críticos. Hoy, el espectáculo se ha transformado en un campo de batalla donde gana el que grita más, el que insulta mejor, el que se victimiza con más habilidad frente a cámara. Las plataformas están llenas de pleitos programados, de escenas montadas, de “revelaciones” que son tan falsas como convenientes. Y, aun así, la audiencia las consume como si fueran verdad absoluta. Cada día vemos titulares que celebran si un luchador amenaza con golpear a un actor o si dos participantes de un reality se dicen groserías. ¿Eso es noticia? ¿Eso es entretenimiento? ¿Eso es espectáculo? Porque si lo es, entonces hemos confundido basura con cultura popular.
Mientras tanto, figuras como don Eric del Castillo —un actor con más de seis décadas de trayectoria impecable— quedan relegadas a menciones breves. Y eso es inaceptable. No porque debamos vivir de nostalgias, sino porque un país que deja de reconocer a sus verdaderos artistas termina celebrando la mediocridad como si fuera talento.
Una entrevista para quienes buscan algo más que ruido
La conversación con don Eric y doña Kate no está hecha para quienes sólo buscan ver a dos personas insultándose. Está hecha para quienes aún creen que el espectáculo puede ser un espacio de reflexión, memoria, crítica y humanidad. Ellos hablan con verdad, no con escándalo; con historia, no con improvisación; con dolor, sí, pero también con la dignidad de quienes han vivido suficiente para no temerle a su propia biografía. Y ahí está la diferencia fundamental: esta entrevista aporta, construye, rescata la memoria de dos vidas destinadas a trabajar, no a generar polémicas.
Sábado 8 P.M., Imagen Televisión: una cita necesaria
Este sábado los invito a escuchar, a mirar, a recordar por qué el espectáculo mexicano tuvo épocas en las que el talento era la moneda fuerte y no el insulto. La entrevista con don Eric del Castillo y doña Kate Trillo es un recordatorio de que aún existen figuras que honran su oficio y familias que han enfrentado tempestades sin convertir su vida en circo. No se trata sólo de rating, se trata de darle un lugar a quienes lo merecen, de devolverle al público conversaciones que valen más que cualquier escándalo improvisado. Nos vemos a las ocho de la noche. Porque hay entrevistas… y hay conversaciones que se vuelven necesarias en tiempos donde el ruido pretende reemplazar al talento.
