Historia de los debates en América Latina
El domingo pasado los mexicanos pudimos presenciar el primero de tres debates presidenciales programados por el Instituto Nacional Electoral INE para este proceso electoral 2018. Los candidatos a la Presidencia de la República, Ricardo Anaya, Margarita Zavala, José ...
El domingo pasado los mexicanos pudimos presenciar el primero de tres debates presidenciales programados por el Instituto Nacional Electoral (INE) para este proceso electoral 2018.
Los candidatos a la Presidencia de la República, Ricardo Anaya, Margarita Zavala, José Antonio Meade, Jaime Rodríguez y Andrés Manuel López Obrador, tuvieron oportunidad de presentar sus propuestas en materia de política y gobierno; seguridad y violencia; combate a la corrupción e impunidad; democracia, pluralismo y grupos vulnerables, fueron los temas centrales de los cuales los candidatos presentaron y debatieron sus propuestas e ideas, moderados por los periodistas
Azucena Uresti, Sergio Sarmiento y Denise Maerker.
Tras dos extenuantes horas de confrontaciones, uno se pregunta: ¿quién fue el ganador de este primer debate presidencial? Bueno, La respuesta puede ser tan subjetiva y diversa como electores haya en el Padrón Electoral. Sin embargo, ante la importancia que despiertan los debates presidenciales en la opinión pública, pero sobre todo, ante la influencia que pueden llegar a tener sus resultados en las preferencias electorales, surge la pregunta, ¿cómo se originaron los debates presidenciales en América Latina?
Sin duda, los debates entre candidatos a la presidencia de algún país, tienen su origen en las democracias más avanzadas del mundo, Estados Unidos y Francia; en cambio, en América Latina el camino para llegar a establecer debates entre candidatos a cargos de elección popular no ha sido fácil.
El primer debate presidencial del que se tenga registro en Latinoamérica, se dio en 1960 en la República Federativa de Brasil, resultando electo presidente el candidato del Partido Demócrata Cristiano, Janio Cuadros, quien duró en el cargo apenas un año. Cuatro años más tarde, en 1964, Brasil se sumiría en un golpe militar que duraría poco más de una década.
Con esta dictadura militar, se podría decir que se abrió una época en América Latina en la cual los gobiernos democráticos, y por lo tanto los procesos electorales y los derechos políticos de los latinoamericanos, quedaron suspendidos durante casi tres décadas. Países como Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay, sufrieron con distintos alcances y diversas circunstancias, los horrores de la militarización de sus gobiernos.
Anteriormente, Bolivia, Paraguay, República Dominicana, Haití, Nicaragua, Perú, Venezuela, ya padecían regímenes militares.
Tuvo que llegar la década de los 90 para que América Latina retomara el camino de las libertades políticas, de la organización del sistema de partidos, de la libertad de voto y por tanto de la democracia como forma de gobierno, para que surgieran nuevamente los debates presidenciales, en muchas ocasiones, impulsados por los medios de comunicación que promovían la libertad de expresión, como en el caso de Uruguay, que en el 2009 –luego de 15 años suspendidos– reanudó los debates por medio del canal 14 de televisión Montecarlo, o como el caso de Haití, que en 2010 organizó, a través de la asociación de periodistas y radiodifusores, el primer debate entre sus 19 candidatos a la presidencia.
El caso de Argentina es similar; fue hasta 2015 cuando dos de sus candidatos a la presidencia tuvieron un debate, por primera vez en la historia del país austral.
En Perú, es hasta 1990 cuando los candidatos Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori inauguran esta tradición democrática.
En Paraguay, igual que en México, la ley electoral obliga a los candidatos a debatir sus proyectos de nación ante el electorado.
Y aunque algunas veces en los debates presidenciales los candidatos se han negado a asistir, como el caso de Luis
Inacio Lula da Silva, en Brasil en 1989, o de Andrés Manuel López Obrador en México en el 2006, la verdad es que esta forma de contrastar los programas, las ideas, las visiones y proyectos de nación de los candidatos a la presidencia, poco a poco ha tomado carta de naturalización en nuestro continente.
Debatir, rebatir, confrontar y comparar las ideas propias con las ajenas, ha sido desde los tiempos de la Grecia clásica, un ejercicio democrático que fortalece a las instituciones y otorga a los candidatos la oportunidad de informar, persuadir y convencer a sus potenciales electores.
