Aniversario de la muerte de un gran hombre
“Sólo quiero hacer la voluntad de Dios. Él me ha permitido llegar a la cima de la montaña. He mirado desde ahí y he visto la tierra prometida. Pero es posible que no llegue allí con vosotros...”. Éstas fueron las últimas palabras de Martin Luther King Jr. ...
“Sólo quiero hacer la voluntad de Dios. Él me ha permitido llegar a la cima de la montaña. He mirado desde ahí y he visto la tierra prometida. Pero es posible que no llegue allí con vosotros...”.
Éstas fueron las últimas palabras de Martin Luther King Jr. pronunciadas en la ciudad de Memphis, Tennessee, en el Mason Temple, apenas unas cuantas horas antes de morir.
Pastor de la iglesia bautista y activista por los derechos civiles de los afroestadunidenses, Luther King había asistido a la sureña ciudad de Memphis para apoyar una protesta de los basureros negros locales, en huelga por mejoras salariales.
Cuando se preparaba para cenar, un segregacionista blanco le disparó a quemarropa a las afueras de la habitación donde King se hospedaba en el Motel Lorraine. Trasladado al St. Joshep’s Hospital con una bala en la garganta, Luther King murió esa misma noche. El pasado 4 de abril se conmemoraron 50 años de su asesinato.
A medio siglo de su muerte, su legado de paz, justicia y dignidad continúa impactando al mundo.
Martin Luther King Jr. nació el 15 de enero de 1929 en la sureña ciudad de Atlanta, Georgia. Hijo de Martin Luther King Sr., pastor bautista, y de Alberta Williams, organista de la iglesia, desde pequeño padeció los embates del segregacionismo al acudir a escuelas destinadas exclusivamente para su raza, y en las cuales obtuvo la licenciatura en teología y el doctorado en filosofía por la Universidad de Boston.
Ya como pastor de la iglesia bautista en la ciudad de Montgomery, Alabama, Luther King se incorporaría plenamente al activismo por los derechos civiles al organizar un boicot masivo a los autobuses de la ciudad, a raíz del arresto de una mujer negra que se había negado a ceder su asiento a un hombre blanco, desafiando las leyes de la época.
El boicot fue apoyado por la población negra, cerca de 40 mil personas que dejaron de utilizar el transporte público por más de un año, y como resultado, Luther King fue encarcelado por las autoridades y su casa incendiada por los segregacionistas blancos.
Al final, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidosfalló a su favor al declarar ilegal y anticonstitucional la segregación racial no sólo en el transporte público, sino también en los restaurantes, las escuelas y cualquier otro espacio considerado público.
Convencido de que la paz era el único camino para erradicar la injusticia, Luther King inició un movimiento a escala nacional, organizado a través de las iglesias bautistas, para impulsar una agenda por los derechos civiles y publicó un libro con sus primeras experiencias, que tituló: La marcha hacia la Libertad: La historia de Montgomery, y en el que comenzó a definir lo que sería su pensamiento filosófico posterior: “La desobediencia civil está justificada frente a una ley injusta; cada uno de nosotros tiene la responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas”.
La ética por encima del derecho.
Para Martin Luther King la justicia era un asunto moral, y a la manera de Gandhi en la India, promovió la resistencia civil pacífica para lograr sus objetivos.
A partir de ahí, Luther King no descansaría hasta ver, como él mismo lo decía, la tierra prometida. Y en 1963, junto con otras organizaciones civiles, organizó “La Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad”.
Más de 300 mil personas se reunieron frente al Capitolio, en la manifestación más grande en la historia de Estados Unidos. Y ahí pronunciaría su discurso más conocido: “Tengo un sueño. Sueño que un día esta nación se levantará para vivir su credo: Todos los hombres son creados iguales. Sueño que un día, en las colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se sentarán juntos a la mesa de la hermandad”.
En 1964, su lucha transformaría radicalmente el panorama de los derechos civiles en la Unión Americana, al ser aprobada la Ley de Derechos Civiles (Civil Rights Act) que reconocía la plena igualdad de las razas y prohibía la discriminación racial.
Ese mismo año recibiría el Premio Nobel de la Paz.
Hoy, a 50 años de su muerte, recordamos su legado como un permanente llamado a la paz y a la justicia universal y junto con el pueblo estadunidense, conmemoramos el aniversario de la muerte de un gran hombre.
