Anáhuac: cerca del agua

El valle fluvial era bañado por 13 ríos y más de 20 afluentes que lo cruzaban.

Son tardes de frío (de duro cierzo invernal, diría Agustín Lara), en la región de Anáhuac. Démonos tiempo para dejar en libertad nuestra imaginación y echar a volar las cosas, como aconsejaba Octavio Paz. Alejémonos un poco de los Índices Metropolitanos de la Calidad del Aire (IMECA), con que cada hora nos alertan a más de 20 millones de seres humanos.

Es el domingo 21 de julio de 1850; hoy hizo su primer recorrido por el Canal de la Viga, desde el embarcadero de la garita del mismo nombre hasta el poblado de Chalco, conectado éste al lago de Xochimilco, un primer barco de vapor que se llamará La Esperanza. Tiene un poderoso motor de 20 caballos de fuerza y cupo para 20 pasajeros.

El nombre del vapor está ni mandado a hacer: La Esperanza, fresco aún el recuerdo de la guerra contra la invasión de Estados Unidos. Corren todavía días muy complicados: presidentes van y vienen al igual que intentos de asonadas en México y su capital. Pero entusiasma a la comunidad la noticia de que un viejo proyecto de don Mariano Ayllon, hombre emprendedor y entusiasta de aquella época, haya cuajado: la navegación a vapor por el viejo canal que traía mercaderías y hortalizas frescas a los habitantes de la capital.

Una bella crónica (El Paseo de la Viga), escrita pocos años después por quien fuera presidente del ayuntamiento de la Ciudad de México, el periodista y político Florencio María del Castillo, nos da luces sobre ese recorrido:

“…Los carruajes siguen una línea; pero los jinetes gozan de toda libertad: allí se admiran los hermosos caballos, llenos de fuego y de brío, que caracolean y se agitan; allí luce la habilidad y fuerza del que los monta, ora vista frac a la inglesa, ora luzca el rico y pintoresco traje del ranchero, pues en México generalmente todos saben montar perfectamente. La multitud pedestre se agolpa al borde del canal, en donde hay bancas de piedra. Allí se sientan el papá y la mamá con toda la familia... su placer, su delirio, es embarcarse, tomar un lugar en alguna de esas inmensas canoas que se deslizan lentamente sobre el agua, al son de la música de cuerda, estremeciéndose con el movimiento de los que bailan.”

Eran espectaculares esos paseos por las chinampas de la Magdalena Mixhuca; pasaban por la Acequia de la Merced, y de ahí por el embarcadero de Roldán (la calle conserva su nombre) hasta a la Acequia Real, a un paso del Templo Mayor.

Pero el Canal de la Viga fue sólo una hermosísima parte del espectáculo fluvial y recreativo que desde siglos atrás ofrecía nuestro Valle de Anáhuac. Al Esperanza siguió en 1853 el vapor General Santa Anna, con cupo para 200 pasajeros y un salón con capacidad de 60 personas.

El valle fluvial era bañado por 13 ríos y más de 20 afluentes que lo cruzaban y hacían posible la prodigalidad de verduras y flores en Chalco y Xochimilco, de claveles y gladiolos en las inmediaciones de Contreras, de ajolotes en Los Remedios, de patos silvestres en La Piedad y en la Magdalena Mixhuca. Pero el crecimiento cobró su cuota.

La Nueva España empezó a crecer desmesuradamente y empezó la desecación de ríos y lagos del Valle de Anáhuac.

Exangüe por el entubamiento de ríos menores y manantiales, en los años 40 se rellenó el canal de La Viga y en 1957 fue pavimentado para convertirlo en la calzada de La Viga o Eje 2 Oriente.

Unos años antes, y en lo sucesivo, lápidas gigantescas de varilla y concreto fueron  colocadas sobre los ríos de La Piedad, Churubusco, Consulado, Gran Canal, Los Remedios y otros, si bien algunos conservan tramos a cielo abierto, lo que los tiene convertidos en canales de desagüe, como el Tlalnepantla, el San Buena Ventura, el San Javier, el Cuautepec…y el Río Magdalena, que es el que se halla en mejor estado de conservación y pidiendo salvación a gritos.

Nuestros expertos nahuatlacas dicen que Anáhuac viene de: atl agua, y náhuac cerca de o junto a. ¿Será?

                Twitter: @germandlagarza

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