¿Subirá el financiamiento o bajará el PIB?

Gabriel Reyes Orona

Gabriel Reyes Orona

México sin maquillaje 

Los señores banqueros se autoimpusieron una meta que se cumple sin hacer esfuerzo alguno. Dijeron que aumentaría el nivel del financiamiento como proporción del Producto Interno Bruto (PIB). O sea, basta con que baje el PIB para alcanzar la meta. No hay duda, ese indicador, aun en las impresentables estimaciones del gobierno, caerá, por lo que cumplirán manteniendo la raquítica aportación que hacen al aparato productivo, es más, es posible que tengan margen para reducir lo prestable.

México no está preparado para recibir el impacto que entraña una crisis de liquidez. El apabullante efecto de las remesas, de innegable origen dudoso, ha comenzado a disiparse, y los grandes capitanes del crimen organizado empiezan a perder confianza en el gobierno que los abrazaba. Se trabó la maquinaria de lavado ubicada en la isla caribeña, la cual se está haciendo pedazos. Nuestros políticos ven su escondrijo emproblemado.

El Banxico ha permitido que se manosee la reserva de activos internacionales y, por supuesto, no revelará su composición ni el perfil de liquidez, así como sucedía con múltiples fondos gubernamentales en tiempos del tricolor. El sector público ha comenzado a diseñar instrumentos que permiten permeabilidad de la opaca reserva, siendo los bancos de desarrollo quienes han empezado burdamente a multiplicar los panes.

La inexistente supervisión bancaria en el sector oficial, así como la poca experiencia de las firmas de auditoría para analizar operaciones que involucran activos generados por entidades públicas, ha dado margen para “financiar” el boquete de las finanzas públicas. El apetito por los Cetes irá decayendo, siendo la evolución de su tasa un interesante reflejo de la astringencia en el mercado. Se aumentará el monto y la tasa sin que exista una clara fuente para financiar el endeudamiento. Los grandes tiburones ya perciben que algo sucede y muestran desconfianza. Nada nuevo, las emisiones de las instancias oficiales son un dechado de irresponsabilidad financiera que aliviará el corto plazo, pero que agravará el medio y no se diga del largo término.

El subsidio a los energéticos luce cada vez menos y cuesta más. El poco financiamiento será acopiado por el gobierno, secando el de las empresas, las cuales tendrán que frenar bruscamente hacia el tercer trimestre. A todos les queda claro que el petróleo venezolano, así como el iraní, tienen nuevo operador. Qué tan difícil será que Pemex reciba fulminantes e ineludibles directivas desde el exterior. Su perfil técnico es impresentable; su ética corporativa, reprobable; su capacidad operativa, cuestionable, y su gestión administrativa, ruinosa.

No tendrá que privatizarse, simplemente operará a control remoto. Es más, resultaría absurdo hacerse de la peor petrolera del mundo sacándose el boleto de lidiar con su sindicato. Sería comprar el batidero. La estrategia es más inteligente, únicamente se administrarán, y de lejos, los activos, dejando los pasivos en manos de la derruida 4T. La geopolítica es terminante, el control del hidrocarburo, aunque tenga un horizonte terminal cercano, definirá el futuro. Los grandes intereses han puesto en marcha un diseño de control multirregional.

El timón de las finanzas públicas se desconectó de las propelas. Es un volante que nada conduce. El barco tomó un rumbo ajeno a las machincuepas del oficialismo. Aún no han caído en cuenta de ello, pero no tardan. Seguirán acumulando puestos y posiciones, pero se quedaron sin fondos, llegarán tan lejos como los factores reales del poder así lo decidan. Las elecciones sólo dirán quien se sacó la rifa del tigre, ése que ya ve con desconfianza al falso profeta.

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