Muera el fraude, viva la farsa

• La equidad en la contienda simplemente no existe.

Durante 12 años el caudillo condenó terminantemente las diferentes formas de manipular elecciones. Tanto lo hizo, que nadie sabe más que él sobre el tema. Desde que llegó a su palaciega residencia entreveró los modelos que los otrora partidos poderosos usaron, llegando a crear un sistema infinitamente más seguro, pero drásticamente más caro.

Antes, sólo durante el proceso previo a la elección se enfocaba el partido oficial a dilapidar cuantiosas sumas para agenciarse lealtades. Ahora, no operarán en la época electoral, sino el resto de los días del año. Así es, en lugar de 100 días de campaña, la nueva estrategia más que duplica el tiempo en el que se implementa el programa de compra de votos, con la enorme ventaja de que los caudales ahora van etiquetados como “programas sociales”.

Aplica el incorruptible su gran conocimiento en maromas y machincuepas derivadoras de fondos.

El INE, por supuesto, no puede, ni hará nada, ya que sólo fiscaliza el periodo en el que se suspende la novedosa táctica. Son tan alambicados e intrincados los procesos en éste, que apenas empiezan a pasar lista de asistencia, cuando ya le pasaron varias bolas rápidas, tergiversando el entorno comicial.

Los servidores de la nación son sólo parte del elenco, ahora el carrusel se sustituye por dádivas dispersadas a ciegas, basadas en inexistentes registros de beneficiarios. El ratón loco, ahora, reparte vacunas con recordatorio.

Hay que admitir que las tropelías que antes desplegaban los partidos de mayor peso ahora son potenciadas con innovaciones que la experiencia internacional pone a disposición de los autócratas. El dinero va y viene de países con gobiernos amigos, siendo imposible de ver para los cercanos colaboradores, quienes sólo detectan las cuentas marcadas como pertenecientes a los adversarios.

La equidad en la contienda simplemente no existe, en una diana que tiene seis de 10 círculos pertenecientes al gobernante en turno, la mera suerte o casualidad hace que los votos caigan en su zona, máxime, cuando los círculos asignados a lo que podría parecerse a la oposición ocupan la parte más lejana al centro, ya que las instancias fiscalizadoras han decidido hacerles la vida imposible.

Porfirio Díaz no daba despensas ni tampoco retacaba urnas. Él, ponía a sus compadres que tenían dominado el territorio, sí, jefes de huestes que imponían —con su presencia— la buena o mala suerte de quienes vivían en el interior. Se encargó de dejar bien claro a los mexicanos qué pasaría con las poblaciones que tuvieran el infortunio de votar por sus contrarios. En el discurso, sabía repartir las riquezas de la nación, pero en los hechos, perseguía, apresaba y desterraba a los contrarios.

El caudillo seguro pasará a la historia, ha rescatado figuras tan ancestrales como la muerte civil, esa, que ahora viven los congelados de cuenta, o bien, los que le gustaron para prisión preventiva.

Para cualquier observador del exterior resultaría imposible dar opinión alguna, dado que el descontón sucedió abajo del ring y antes de iniciar la justa.

Desde el centro se encargarán de que el resultado que se ha confeccionado a modo, desde el primer día del sexenio, no sea alterado por nada, ni por nadie; ahora sí, cantados los ganadores, el juego se acaba antes de la jornada electoral.

Muera el fraude, viva la farsa. La democracia así es una mera ilusión, no existe forma en que los dados cargados den un resultado que le sea adverso. En la bolsa el relevo generacional.

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