4T vs. 4T
Las huestes ya no tienen al enemigo común que les aglutinaba, y ahora, tendrán tiempo para mostrar el filo de sus habilidades en casa.

Gabriel Reyes Orona
México sin maquillaje
Hace algunas semanas nos preguntábamos cuándo sería el día en que Sheinbaum diría no, por primera vez, al residente de Palacio. No pasó mucho tiempo, antes de concluir el mes en que fue electa, la integración del gabinete provocó el primero de los muchos desencuentros por venir. Aún no puede estimarse que exista confrontación, por el contrario, prevalece un ánimo de forzada calma, de ése, que precede a la tormenta. En parte prudencia, y en parte astucia, el caso es que las espadas permanecerán envainadas dos meses más.
Las primeras cuatro semanas de transición han sido particularmente interesantes, tanto, que hasta quienes han sido llamados a formar parte del gabinete parecen no estar enterados de que tal distinción es preliminar, y que aún faltan muchos días y avatares para que sus nombramientos estén estampados en papel presidencial.
Sí, aunque no lo parezca, pudieran presentarse ajustes finales. No es el momento de provocar la furia del tabasqueño, para todo hay tiempo y lugar, y las decisiones no tomarán forma sino hasta bien entrado el mes de septiembre. El de Macuspana siempre se ha conducido como astuto conocedor del foro político en el que vive, sin embargo, a últimas fechas ha mostrado algo de candidez, por lo que pudiera llevarse algunas sorpresas. No sólo es el cambio de mando en las fuerzas castrenses el único asunto que pudiera generar sinsabores en el equipo cercano de López, los ramos son muchos, y los intereses más.
El elixir que ha probado la otrora candidata comienza a surtir efecto, y ya no tiene la misma mirada para el que le entregara el bastón. Hoy se percibe un dejo de tolerancia, que poco a poco se tornará en hastío. Las huestes ya no tienen al enemigo común que les aglutinaba, y ahora, tendrán tiempo para mostrar el filo de sus habilidades en casa.
Son lo mismo que los de antes, lo dejaron bien claro en el sexenio que agoniza, pero ahora se han dado cuenta de que son camaradas, pero no son iguales, por lo que ha llegado el tiempo de medir fuerzas. Ya no existe más un tótem que dé y quite, y los que se alzaron con el triunfo en el campo de batalla, pensando que todos ganaron, saben que lo que no acopien en las próximas semanas no estará a su alcance sino hasta el próximo reparto, sí, es ahora o nunca.
No pueden estar más equivocados aquellos que piensan que serán otros seis años de lo mismo. El sexenio que viene es la guerra de las tribus, la que no parará hasta que surja algún adversario que deba enfrentarse en el año 2030.
La batalla no habrá que darla frente a los fantoches que recogieron lo que quedó de los viejos partidos, ahora, se enfrentarán sujetos dotados de fueros, huestes y acceso a los complejos instrumentos con que cuenta el aparato oficial, por lo que la lucha que veremos hará profundos estragos en eso que hasta hoy tiene careta de movimiento.
Los jalones y tarrascadas involucrarán desde posiciones en el gabinete legal, hasta las direcciones de las empresas estatales. Veremos consejeros, comisionados y directivos renunciando bajo la dura mirada de quien portará la banda, se volverán parias administrativos que pensaron que les duraría el cargo para siempre. Hay puestos, dinero y estructura, pero no para todos, y pronto sabrán que le llaman movimiento, porque se mueve, y no parará, hasta ver que los que ya fueron han sido expulsados por al menos un lustro.
El cronometró empezó a correr, y tendrán menos de cien días para ser parte de lo que vendrá. Quienes piensan que el 2 de junio alcanzaron la meta, muy posiblemente se encuentren con sus trebejos en la banqueta el próximo 1º de octubre, pero, con la pena, ya no hay partidos de oposición a los cuales puedan chapulinear, tendrán que trabajar, los que sepan de qué se trata eso.