El caso Héctor Parra: al juez le hace falta ver más box

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos sean, mis sensuales fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

Hoy les escribo desde la sala de espera de un aeropuerto. Siempre he pensado que, al igual que los hospitales, las escaleras y las terminales de autobús, los aeropuertos son ese bisturí de doble filo en la vida donde las bienvenidas y las despedidas se dan al unísono. ¿A poco no? En un hospital hay puros de chocolate y llantos de duelo; en la mismita escalera mira taciturno a quien desciende y trae la frente en alto, y a quien experimenta el venturoso ascenso. Así mero son los aeropuertos: letreros y flores de “¡te extrañé!” y lágrimas de “vuelve pronto”.

Luego de esta reflexión digna de tarjeta de cumpleaños, les cuento que pocas veces me quedo con el pensar en la boca, como cuando se trata del caso Héctor Parra. El viernes pasado, en De primera mano, los minutos para comentar se me hicieron repoquitos. Es increíble cómo puede pesar más la opinión pública que una sentencia y una víctima. Pero así es.

Alexa Parra, lejos de contar con la empatía y el abrazo del prójimo, dada la atrocidad que, según la ley, cometió su padre contra ella, es tratada en redes cual hermanastra de Cenicienta, siendo Daniela la heroína de una historia donde la lucha por su padre la sitúa en el pedestal de los elogios.

Para mí, que soy mujer y los casos de abuso y violencia de género me taladran los sesos de forma inevitable, hablar sobre este tema me confronta. Por un lado, asumo la responsabilidad de respetar las conclusiones legales. O sea, si ya hay una sentencia y jueces –viendo pruebas y alegatos– sentenciaron a un padre por violentar a su propia hija, lo correcto es cuadrarse a lo oficial.

Pero, como se lee a la entrada del Fama-Sutra: aquí somos libres de humo; como quien dice, no nos andamos con tontadas, así que aquí les va lo que pasa por mi cabeza cada que se toca el asunto.

¿Los jueces están muy ocupados como para ver la tele? Si hubieran visto De primera mano en esos meses en los que Héctor fue detenido, se habrían dado cuenta de que la madre de la entonces presunta víctima había visto no a uno, sino a dos abogados para llevar el tema. Que el primero, al revisar las pruebas, concluyó que no era factible una denuncia por abuso sexual y que lo que siguió para él fue enterarse por la tele de que sus servicios no fueron requeridos ni pagados, ya que contrataron a otro abogado. El colmo fue que el segundo abogado, luego de revisar las pruebas y el caso, concluyó lo mismo que el primero. O sea, lo que la entonces presunta víctima y su madre tenían contra Parra NO era suficiente como para tipificarse como delito. Al segundo abogado le sucedió lo mismo que al primero, pero hizo lo propio: tampoco se quedó callado.

En temas legales no siempre ganan los inocentes y, menos, se castiga siempre a los culpables. Muchas veces las influencias, la corrupción y/o la pericia de los abogados determinan un juicio.

Yo no desacredito el sentir de una víctima, tampoco quiero ponerme a cuestionar el proceder de su mamá, creo que ya les han tundido suficiente. Nomás hago una cosa, yo me pregunto: ¿qué vio el juez que los dos primeros abogados no encontraron?, ¿qué sucedió? Si alteraron o integraron mejor la denuncia, sólo los implicados que tienen acceso al expediente lo saben. Pero sí creo que la defensa de Héctor Parra está más lenta que tráfico en viernes de quincena. Sería tan simple llamar a declarar a los dos primeros abogados; ahí se sabría qué había antes y qué cambió después en la denuncia como para sentenciar al actor.

Por lo pronto, no me queda más que desear que lo oficial se vea más congruente con lo mediático.

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