Las invitaciones de la PGR ignoradas por la CNDH

El 9 de julio del año 2000 Eduardo Gallo recibió una llamada que cambiaría su vida. Era una de las amigas de su hija Paola de 25 años, con las que se fue a pasar el fin de semana a Tepoztlán, Morelos. Ese día a las 2 de la mañana, irrumpieron en casa de la familia ...

El 9 de julio del año 2000 Eduardo Gallo recibió una llamada que cambiaría su vida. Era una de las amigas de su hija Paola de 25 años, con las que se fue a pasar el fin de semana a Tepoztlán, Morelos. Ese día a las 2 de la mañana, irrumpieron en casa de la familia Gallo, tres hombres armados, después de someter a Paola y sus siete amigas vaciaron la casa y huyeron con Paola, la anfitriona, secuestrada.

Pagado el rescate y la promesa de soltar a su hija ocurrió lo peor. Llegaron efectivos de la PF y llevaron al anfiteatro de Cuernavaca el cuerpo inerte de su hija. Poco después aparecieron los cuerpos de los tres secuestradores, también asesinados, lo cual evidenciaba que no actuaban solos. Evidentemente, la corrupta Procuraduría de aquella época, que no dista en incompetencia de la actual, le dijo que el caso estaba cerrado. El señor Gallo, reuniendo valor y recordando los sueños que le arrancaron a su hija, sacó un permiso de portación de armas y contrató dos escoltas para hacer él la investigación. Evidentemente una tarea no apta para un particular, pero tampoco titánica para nadie, pues tomando en cuenta que Tepoztlán tiene 15 mil habitantes y se habían presentado muchos casos de secuestro, pues el pueblo entero sabía quiénes eran los responsables.

De esta forma el señor Gallo pudo ubicar a quien le quitó a su Paola. Un tipo que le decían Apache Dos, cuyo verdadero nombre era Francisco Zamora, quien se escondía en un barrio muy peligroso en las afueras de la Ciudad de México. Según lo platica en entrevistas con Eduardo. Llevaba mucho tiempo pensando cómo iba a matar a ese hdp que le había arrancado a su hija. El maldito provocó todo lo que pudo al señor Gallo, le contó cómo su hija lloraba y pedía por su vida, entre muchas otras bajezas. Le decía que él iba a sufrir en la cárcel, pero nada comparado con lo que sufrió su hija y lo que él sufriría el resto de su existencia. En ese momento y con todo el odio y la rabia se controló, guardó su arma y le dijo, que no lo mataría, porque eso lo convertiría en una mierda equivalente al asesino.

Entiendo la frustración de los efectivos de las Fuerzas Armadas. De ver que no se acaban los delincuentes porque son soltados por un tecnicismo. La adrenalina de ello debe ser inconmensurable, lleva  a los elementos a no medir las consecuencias y más si los están acorralando y quieren acabar con su vida. Y que quede claro que no estoy juzgando aún, ni me corresponde, al elemento militar que se ve en el video de Palmarito dándole el tiro de gracia a un huachicolero, pues cabe aclarar que el video completo dura más de 40 minutos ni he leído la declaración del indiciado. Pero los militares no pueden hacer lo mismo que los delincuentes, asesinar a sangre fría, porque se convierten en lo mismo que están combatiendo. Sólo al amparo del imperio de la ley vamos a poder reparar a este país, curarle las heridas y dejar el cinismo, porque en la franja de huachicoleros da la impresión de que son o se hacen todos los pobladores.

Pero aquí le va lo más increíble de esta historia, es que la CNDH ha emitido un comunicado calificando de graves las imágenes e instando a una investigación rápida y seria. Ha trascendido que la misma ha recibido sendos oficios, de los cuales la PGR tiene acuse de recibo, invitando a que personal a su cargo, sin exponerse, se encuentre en los lugares en donde se llevan a cabo estos operativos y enfrentamientos con huiachicoleros, que lo hagan de forma permanente y como un ejercicio de transparencia y de seguridad jurídica para elementos castrenses, además de velar por los derechos humanos de los presuntos delincuentes. Pues la instancia que preside Luis Raúl González Pérez no se ha dignado siquiera contestar los oficios referidos.  En lugar de ser parte de la prevención, para ayudar a que estos casos no se presenten, son parte del problema y del mitote posterior. Lamentable sin duda.

Lo reitero, por más hasta el copete que estemos los ciudadanos y se nos antoje que maten a todos estos desgraciados, no vamos a pacificar a este país, si no es al amparo de la ley y reduciendo la impunidad. Y, sobre todo, es momento de hacer cuerpo, de hacer país con las Fuerzas Armadas no dejar que un hecho las desprestigie.

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