Hace unos días, Luis Almagro, secretario general de la OEA de 2015 a 2025, publicó sus memorias: Más derechos para más gente. Crisis, desafíos y logros de la democracia. Esta obra recopila anécdotas, datos y percepciones del aguerrido político uruguayo durante su travesía en las recelosas aguas políticas del continente americano. Es una lectura obligada. Puede adquirirse en luisalmagro.com.
Este texto reúne ideas y testimonios que me son entrañables. En junio de 2015, Luis Almagro me invitó a ser parte de su gabinete como secretario de Asuntos Políticos, posición que evolucionaría a la de secretario de Fortalecimiento de la Democracia. Tuve el enorme privilegio de acompañarlo durante una década y aprender de su determinación y liderazgo, en lo que terminaría siendo la mejor experiencia profesional de mi vida.
El nativo de Paysandú, llegó a la Secretaría General de la OEA para sacudirla, resucitarla y devolverle centralidad en la vida política del continente. Almagro fue siempre un político apasionado y valiente. Dividía opiniones y lo disfrutaba. Yo le decía en broma que me recordaba a Lorenzo Garza, el afamado matador de toros, al que se le conoció como “el ave de las tempestades”.
En 2015 durante su discurso inaugural mencionó una frase que me marcó en lo personal y que fue el sendero de su gestión: “La OEA no puede ser una organización de uso neutral”. No callar ni transar ante las violaciones de derechos humanos o la ruptura del orden democrático.
Pagando un precio elevado, Almagro denunció con firmeza a las dictaduras, en una lucha frontal en contra de las tiranías, en contra de los crímenes de lesa humanidad, en contra de la concentración de poder, en contra de elecciones fraudulentas, en contra de la represión y de los encarcelamientos políticos.
Con el apoyo de una mayoría considerable de naciones, Almagro bregó en favor de la libertad, de los derechos, a favor de la dignidad humana. En un contexto complejo y polarizado, la OEA se ubicó en el lado correcto de la historia. La Carta Democrática Interamericana fue siempre nuestra estrella polar.
Durante una década, Luis Almagro supo conducir con aplomo y sabiduría a un gran equipo interdisciplinario que logró fortalecer el desarrollo, la seguridad, la democracia y la defensa de los derechos humanos.
Para quienes fuimos testigos del crecimiento de las amenazas al orden democrático, caracterizadas por la concentración del poder, la restricción de derechos y libertades y, en algunos casos, la tortura y la represión, Almagro representó siempre una voz dispuesta a pelear y denunciar.
Bajo su liderazgo, la Carta Democrática Interamericana se activó en más de una docena de ocasiones en las que se aplicaron los artículos 17 y 18, facilitando soluciones institucionales de estabilidad política, así como la invocación de su artículo 20, declarando la alteración del orden constitucional en Nicaragua y Venezuela.
BALANCE
Como mexicano, fue un honor acompañar al secretario general Luis Almagro durante su gestión en la OEA. Bajo su liderazgo, la organización se mantuvo como el foro político más relevante del continente.
Durante esos 10 años, los programas de cooperación y observación electoral se consolidaron como un patrimonio democrático regional. Durante el periodo de Luis Almagro se llevaron a cabo 106 misiones de observación electoral con la participación de más de 4 mil 500 observadores en 27 países del continente.
Almagro nunca se quedó callado. Mientras algunos fueron cómplices o voltearon para otro lado, en su gestión se presentaron valientes denuncias en contra de las dictaduras de Venezuela, Nicaragua y Cuba, realizando una lucha frontal para rechazar las tiranías que las gobiernan y denunciar sus múltiples crímenes.
