Sueños vs. realidad

Las estimaciones del Banco Mundial ponderan un crecimiento débil de las tres economías más grandes de la región: Brasil, México y Argentina. Persisten también retos puntuales en materia fiscal en varios países y se profundiza el denominado “colapso total en Venezuela”

Las perspectivas de crecimiento para la región constituyen un desafío para los países de las Américas durante 2019. De acuerdo con la reciente publicación del Banco Mundial, ¿Cómo afecta el ciclo económico a los indicadores sociales en América Latina y el Caribe? Cuando los sueños enfrentan la realidad: “Las perspectivas de crecimiento para este año, que se estiman en 0.9% en promedio, no muestran una mejora sustancial con respecto al 0.7% del 2018”.

En este mediocre panorama de crecimiento, convergen factores internos y externos que tienen el potencial de afectar a millones de personas. Las estimaciones del Banco Mundial ponderan un crecimiento débil de las tres economías más grandes de la región: Brasil, México y Argentina.

Persisten también retos puntuales en materia fiscal en varios países y, como “cereza del pastel”, se profundiza el denominado “colapso total en Venezuela”, con una contracción brutal estimada en 25% del PIB.

El panorama de crecimiento económico también está sujeto a factores externos que plantean desafíos adicionales. Entre ellos se incluye la caída en los precios de las materias primas, la desaceleración del crecimiento de China y el aumento de las tasas de interés internacionales.

Las implicaciones de una desaceleración económica en las tasas de desempleo, pobreza monetaria y necesidades básicas insatisfechas ahondarán el desencanto y producirán más migración.

Según el estudio: “En vista del ritmo de crecimiento mediocre de la región, en particular de Sudamérica, el deterioro de los indicadores sociales no debería sorprender”. Resulta claro que el ciclo económico tiene un claro impacto en los indicadores sociales, un hecho que antes había sido pasado por alto en las discusiones sobre pobreza.

Las cifras incluidas en la publicación destacan cómo, durante la denominada Década de Oro (2003-2013), hubo una caída dramática de alrededor del 20% en promedio en los niveles de pobreza de la región.

Se estima que en América Latina los niveles de pobreza extrema pasaron de un 13% en 1995 a un 4% en el 2017, mientras que los niveles de pobreza monetaria pasaron de un 45% en 1995 a un 24% en el 2017. Hoy, las cosas son diferentes. Sólo en el caso de Brasil, que tiene un tercio de la población de América Latina y el Caribe, los niveles de pobreza monetaria han aumentado en un 3% entre el 2014 y el 2017. A ello se suman niveles de pobreza extendidos en el hemisferio, con casi dos tercios de los países de la región con niveles de pobreza monetaria superior al 20 por ciento.

La crisis migratoria en Centroamérica y la creciente diáspora venezolana pondrán a prueba las capacidades nacionales y la cooperación internacional en la búsqueda de respuestas adecuadas a complejos fenómenos que no se resolverán de la noche a la mañana.

BALANCE

Varios años consecutivos de desaceleración del crecimiento y un panorama económico sombrío para 2019 obligarán a los gobiernos de la región a redoblar esfuerzos en lo económico, sin descuidar los frágiles escenarios de gobernabilidad que se ven presionados todos los días por el creciente descontento popular.

La consolidación de la democracia, acompañada de elecciones transparentes, será fundamental para solidificar la legitimidad política de gobiernos que enfrentarán problemas estructurales cada vez más difíciles de resolver en una atmósfera de reclamos sociales y movilización popular. Los sueños prometidos en las campañas electorales seguirán estrellándose estrepitosamente con la terca realidad.

En sociedades polarizadas, víctimas de una tribalización en ascenso, será crucial poner atención especial a los sectores que se verán afectados por el impacto de la desaceleración en los niveles de empleo y crecimiento.

Más allá de la retórica tradicional, será fundamental que prevalezca una visión responsable que trascienda el corto plazo para contar con políticas económicas sólidas y sostenibles que, en última instancia, apunten a un crecimiento económico inclusivo. Son momentos de responsabilidad.

*Los puntos de vista son a título personal.

No representan la posición de la OEA.

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