El continente americano está viviendo la polarización política más profunda de las últimas décadas. Se respiran aires de división y discordia similares a aquellos vientos de la Guerra Fría del siglo pasado. Tal y como sucedió entre 1947 y 1991, se ha revivido la disputa ideológica entre el capitalismo y el comunismo, dividiendo a la región en dos polos opuestos: “neoprogresistas” vs. “libertarios”.
Inspirada en una filosofía “libertaria”, los Estados Unidos organizaron en Washington DC una cumbre internacional de seguridad enfocada en contrarrestar el “terrorismo político de extrema izquierda” el pasado 16 de julio pasado.
La reunión fue convocada por el secretario de Estado, Marco Rubio, congregando a representantes de más de 60 países. México y Brasil, representantes fieles del “neoprogresismo”, decidieron no asistir a la convocatoria alegando diferencias profundas con el planteamiento de fondo de dicha cumbre.
De una lista de 67 invitados, los países de América que participaron fueron: Argentina, Belice, Bolivia, Canadá, Chile, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.
Marco Rubio no se anduvo por las ramas: “El terrorismo político de extrema izquierda no es una novedad de los tiempos modernos. No es una ficción fabricada por políticos conservadores. Durante la mayor parte de la era moderna, fue de hecho la forma dominante de violencia política”.
El secretario de Estado norteamericano recordó los secuestros, los bombardeos, los asesinatos y las ejecuciones; el terror violento de los Tupamaros, de los Montoneros, de las FARC, el salvajismo inhumano de Sendero Luminoso, los fanáticos maoístas que masacraron a las aldeas campesinas peruanas y para rematar: las decenas de miles de guerrilleros marxistas entrenados para matar en los campamentos terroristas de Fidel Castro.
Como era de esperarse, La presidenta Sheinbaum, vocera inevitable del “neoprogresismo”, explicó que el gobierno de México rechazó la invitación de Estados Unidos para participar en la Cumbre, argumentando que se trata de un tema con tintes políticos y no de seguridad.
Para la Presidenta, el enfoque de la cumbre equipara equivocadamente ideologías políticas con amenazas a la seguridad, algo en lo que su administración no concuerda. El gobierno mexicano sostiene que clasificar ciertos movimientos como “terrorismo de extrema izquierda” o equiparar la delincuencia organizada con terrorismo es una visión política inaceptable para nuestro país.
BALANCE
La disputa entre “neoprogresistas” y “libertarios” se extenderá a los próximos procesos electorales del continente. Para muestra un botón: el presidente argentino Javier Milei, en plena tensión diplomática este fin de semana entre su país y Brasil, acusó el domingo al gobierno brasileño, pero también a México y al Partido Demócrata estadunidense de financiar una “campaña antiargentina” en aparente referencia a las críticas dirigidas contra el país y su selección, al margen del Mundial de futbol.
Según Milei, quien puso más recursos económicos en esa supuesta campaña antiargentina fue el gobierno de Brasil. El 25% de los recursos salió del gobierno de Brasil, afirmó Milei en una entrevista con la local radio Mitre sin aportar pruebas. Según el adalid del movimiento “libertario”, dicha campaña fue financiada por México y por el partido Demócrata en Estados Unidos para evitar “que las ideas de la libertad funcionen”.
En un continente dividido comercialmente y enfrentado políticamente, la discordia será la campeona en los torneos por venir. No existe agenda compartida ni intereses en común por defender. El sueño de una América Latina unida está más muerto que nunca.
