Donald Trump dicta la agenda, los tiempos, los temas. Trae de cabeza al régimen de la 4T. Ayer subió el tono. Amenazó: “Si México no hace el trabajo (de atacar al tráfico de drogas) lo haremos nosotros”.
Es la respuesta del belicoso presidente de Estados Unidos a la retórica nacionalista utilizada por el oficialismo para justificar los oídos sordos a la petición de detención provisional, con fines de extradición, de Rocha Moya y otras nueve personas.
La presión que viene del norte ya provocó las licencias del gobernador de Sinaloa; el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez; y el vicefiscal estatal, Dámaso Castro. Uno más, Gerardo Mérida, extitular de la SPP en Sinaloa, solicitó un amparo.
Andan nerviosos. Motivos les sobran.
El procurador interino de EU, Todd Blanche, adelantó a la cadena de televisión News Nation que pueden venir más acusaciones en contra de políticos mexicanos aliados con narcos (Reforma, 6-Mayo-26).
* El senador Enrique Inzunza está en la lista de los extraditables. Había anunciado que ayer asistiría a la sesión de la Comisión Permanente. No lo hizo. Subió a su cuenta de X un mensaje en el que justifica su ausencia:
“No le ofreceré ocasión a personeros de la derecha conservadora de que, so pretexto, hagan de la sesión un espectáculo indigno del recinto parlamentario, como acostumbran”.
Inzunza asegura que está en su tierra, a ras de suelo y “con la frente en alto”. ¿En serio?
Preguntamos ayer a Ignacio Mier, jefe de la bancada de Morena en el Senado, si no había indicios de una licencia para Inzunza.
Respondió: “Él fue dos veces presidente del Tribunal Superior de Justicia. La valoración que él hace no es la misma que yo puedo hacer”.
–¿Es preferible un narcolaboratorio soberano que la destrucción del mismo con participación de agentes extranjeros? Insistimos.
–No podemos sustentar la eficacia en la ilegalidad. (Maru Campos) pudo haber notificado y lo hacen juntos, cómo se han hecho más de dos mil 500 decomisos y, específicamente, más de 180 en Chihuahua, respondió.
* El Senado fue ayer campo de batalla entre el oficialismo y la oposición. No se hablaba más que de dos temas: Rocha Moya y Maru Campos.
Ricardo Anaya, coordinador de los senadores del PAN, exigió se detenga de inmediato a Rocha Moya para que se le extradite y se le juzgue.
“Ya sabemos que aquí en México no lo van a juzgar por una razón elemental: lo mismo que hizo Rocha lo hicieron muchos otros gobernadores de Morena y alcaldes. Saben que si cae Rocha, caen los demás”.
Alito Moreno, presidente del PRI, reveló que pidió al Departamento de Estado, al de Justicia y al Tesoro de EU, que Morena sea declarada “organización terrorista”, por sus vínculos con el crimen organizado. Clemente Castañeda, jefe de la bancada de MC, se deslindó del PAN y el PRI. Está a favor de que a Rocha se le juzgue en México.
El oficialismo se ha ocupado de presentar el caso de Maru Campos y la presencia de agentes de la CIA en el operativo para desmantelar el narcolaboratorio en la Sierra Tarahumara, cómo “traición a la patria”.
En Morena no todo el mundo anda en la misma sintonía. Uno que desafinó fue el diputado Ricardo Monreal. Vale la pena rescatar parte de la columna que escribió para Milenio Diario el pasado 5 de mayo: “Morena puede y debe seguir gobernando y ganando elecciones sin necesidad de vender su alma al diablo. Así como la 4T separó el poder político del poder económico, ahora puede y debe separar el poder político del poder criminal.
A confesión de parte…
* Jorge Romero, jefe nacional del PAN, nos dice que su partido apoya la iniciativa de Federico Döring que, en su parte medular, propone el retiro del registro a cualquier partido político que reciba dinero del narco o tenga alianzas con el crimen organizado.
“México no puede seguir tolerando que el narcotráfico intervenga en las elecciones ni que existan fuerzas políticas que lleguen al poder apoyadas por el miedo, la violencia o el dinero sucio”, destacó.
Está convencido de que, para defender la democracia hay que sacar al crimen organizado de la vida pública del país.
* La tarde de ayer, en la librería U-Tópicas de Coyoacán, se presentó la novela La Orden, del querido periodista y diplomático Alberto Lozano.
Es una novela qué conjunta historias verídicas –algunas disfrazadas para proteger identidades– ubicadas en el contexto que se vivía a mediados de los años 80 y principios de los 90. Incluye un capítulo sobre Alejandro Braun, llamado El Chacal de Acapulco, y otras historias sobre movilidad migratoria, crimen organizado y prostitución.
El libro fue presentado por dos destacados periodistas: Elisa Alanís y Daniel Moreno.
