¿Shale en México?
La industria del shale sobresale por su gran capacidad de atracción de capital e innovación tecnológica.
Por Santiago Fernández Sordo*
Al sur del estado de Texas se encuentra la cuenca de Eagle Ford, uno de los emblemáticos territorios en los que prolifera la extracción de gas y petróleo shale. Junto a Bakken Dove, Nobara y la cuenca del Pérmico, contribuye a la creciente producción de crudo estadunidense que ha alcanzado máximos históricos, provocando una sobreoferta a nivel mundial que mantiene los precios internacionales del petróleo por debajo de los 55 dólares por barril.
En México, tan bajos precios han impactado negativamente en el desarrollo de nuevos proyectos de exploración y producción petrolera. En las recientes cifras trimestrales de crecimiento económico del país destaca el lastre en que se ha convertido la minería, donde la extracción de petróleo lidera la dramática contracción del sector. Sin embargo, una posible solución a este problema se asoma desde el norte: la industria del shale prospera aun en un clima de precios bajos.
El éxito de la producción petrolera en Estados Unidos podría contagiarse velozmente a México si el tema energético se incluye en la renegociación del TLCAN. Abrir los canales de inversión y comercio de energéticos, más allá de la reciente Reforma Energética, impulsaría, por ejemplo, la creación de infraestructura para el almacenamiento y transporte de gasolinas en México; algo urgente en una economía que padece de altos costos del combustible.
Además, México requiere de inversión y tecnología para impulsar nuevos proyectos de exploración y producción, sobre todo en áreas como la cuenca de Burgos, al sur de Eagle Ford. La industria del shale sobresale por su gran capacidad de atracción de capital e innovación tecnológica; y empresas norteamericanas como ConocoPhillips, Hunt Oil, Noble Gas y Murphy, todas con presencia en Eagle Ford, han manifestado ya su interés en la Ronda 2 de licitaciones petroleras, donde se incluyen yacimientos en la cuenca de Burgos, la cuenca del Sureste, Veracruz y Tampico-Misantla.
Las oportunidades para impulsar e integrar la industria petrolera y de gas natural a nivel regional son inmejorables. La eventual integración de las cadenas productivas en la industria petrolera regional podría emular el éxito de la integración manufacturera en América del Norte.
Pero bajo un análisis global no resulta tan sencillo. Mientras una negociación exitosa en materia energética a nivel regional podría traer desarrollo al país y beneficios al bloque regional, el problema de los bajos precios del petróleo no desaparece. Peor aún, podría agravarse en la medida en que se sigan sumando plataformas de producción a nivel internacional.
En el fondo, es cuestión de demanda. El moderado crecimiento de la economía global parece no generar la demanda suficiente y la expansión de la producción no puede ser indefinida. Además, cada día se acentúa más la tendencia hacia un uso eficiente de los combustibles y la inclusión de alternativas energéticas con un menor impacto ambiental. La industria del shale es fuertemente criticada precisamente por su impacto ambiental en los procesos de extracción.
La penetración de la industria de shale en México se presenta como una vía posible para revertir la tendencia actual de producción e impulsar el crecimiento económico. Pero en un contexto de sobreoferta y altos requerimientos en materia ambiental, la oportunidad acarrea también riesgos.
* Profesor de la Facultad de Estudios Globales y Titular de la Cátedra BP-Anáhuac en Estudios Estratégicos.
