Coordinación económica y financiera internacional
Las principales economías han tomado decisiones que afectan al mundo.
Joaquín Tapia Maruri*
La riqueza de un hombre es la cantidad de amigos que tiene.
La economía internacional indica que las políticas económicas aplicadas en un país pueden afectar a otras economías, es decir, la apertura económica origina la interdependencia y más aún en un mundo globalizado, es por ello que las estrategias que deberían seguir los países son aquellas que le proporcionen un mayor nivel de bienestar a su población.
Durante los últimos siete años, a raíz del estallido de la crisis financiera y global más grande que haya enfrentado la humanidad, la economía mundial ha sufrido un entorno adverso y, por consecuencia, las principales economías del mundo han tomado una serie de decisiones que afectan al mundo en general.
En una economía cerrada, una política de contención o austeridad monetaria se enfocaría solamente en el estudio de la Curva de Phillips —inflación y desempleo— para determinar el grado de austeridad; sin embargo, cuando se considera el fenómeno de la globalización, donde las decisiones macroeconómicas de los países centrales se llevan a cabo en un marco de teoría de juegos, se crea el terreno favorable para el análisis, como principal dilema no sólo del pobre crecimiento económico, sino también de la potencial deflación.
Por ello, si se aplica una política de contención monetaria (corrección monetaria), en un país, léase Estados Unidos, en mayor medida que en otros como la Unión Europea o Japón, dadas las condiciones actuales, a través de una elevación de las tasas de interés y en donde los mercados de cambio son en su mayoría flexibles, el resultado inicial será una apreciación del tipo de cambio y un menor nivel de gasto, frenando la dinámica de la baja inflación, es decir, guiándola hacia una deflación y, por otro lado, a un menor crecimiento económico y/o mayor desempleo. El resultado, sin duda, será un ambiente global muy perverso, en caso de que algunos países decidieran seguir este juego de la contención monetaria.
Lo anterior implicaría que, antes que continuar con una política de austeridad monetaria, debería tenerse en mente que hay países con problemas en los límites de la deflación, como la zona euro y Suiza, entre otros. En tanto que, casos como Japón, China y Rusia, enfrentan una de-saceleración mayor a la anticipada, lo que impide la expansión acelerada de los negocios.
Adicionalmente, se deberá tener en cuenta que otros países, como los productores de commodities, se verán afectados por una menor demanda potencial de sus productos en los mercados internacionales, por ejemplo el petróleo, los granos y metales, que muy pronto se reflejarán en que dichos países registrarán un crecimiento económico por debajo de su potencial, lo que creará un mayor desempleo y con ello un círculo perverso, con una mayor pérdida social —deflación potencial y desempleo ascendente como lo establece el Índice de Miseria de Okun—, por lo que sería conveniente elaborar una matriz de pérdida social con estos costos.
Por otro lado, los mercados bancarios internacionales, en el caso de la austeridad monetaria, deberían acrecentar sus niveles de capitalización o por lo menos blindarlos, ya que los defaults de la banca privada y corporativa seguramente se incrementarían, más allá de los niveles tolerables. De lo anterior se desprende que, tal como se vislumbra el panorama, más que las férreas políticas de contención, todo el mundo estaría más cómodo con políticas monetarias mesuradas, esto, al menos en el corto plazo.
Profesor de la Facultad de Estudios Globales, Universidad Anáhuac México Norte.
