Israel en la FIL
Cada año, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara presenta con claridad el escenario de las letras, tanto de las que se escriben en lengua española como las que circulan entre nosotros a través de traducciones; se trata también de un encuentro artístico, ...
Cada año, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara presenta con claridad el escenario de las letras, tanto de las que se escriben en lengua española como las que circulan entre nosotros a través de traducciones; se trata también de un encuentro artístico, cultural, comercial e industrial de grandes proporciones; por unos días Guadalajara se convierte en la capital mundial del libro.
Es tradicional que la Feria Internacional del Libro invite a otro país, preferentemente de otra lengua o de otro ámbito cultural, tanto para enriquecer nuestro conocimiento como para dar a conocer tanto su literatura como su cultura y arte, incentivando así el diálogo, la cooperación y el entendimiento. Este año, el país invitado es el Estado de Israel.
Las relaciones entre el Estado de Israel y México han sido muy buenas desde la fundación de aquél en 1948; también es verdad que ambos estados ha sabido resolver las tensiones propias de la región a través del diálogo y el aprecio. Sin embargo, a veces pareciera que la distancia que nos separa es mucho más que Atlántico y Mediterráneo.
En México, desde las postrimerías del siglo XIX, tan sólo por hablar de una época desde la que ya podemos tener certeza documental, habita un pequeño pero significativo núcleo de población judía que se ha integrado a la sociedad mexicana y que en la industria, el arte, la edición y la cultura han hecho interesantes aportaciones en el contexto de nuestro país; como mexicanos de muy diversos orígenes son, también, un nexo próximo y profundo con Israel.
Desde su fundación, entre las ruinas de una Europa devastada, luego de la destrucción de sus comunidades y en medio del debate, el Estado de Israel ha transitado de aquella época heroica, en la que privan tanto la superación del trauma del genocidio como el esfuerzo por la redención y reforestación de la tierra hasta nuestro tiempo en el que se genera una literatura de autocrítica, de apertura y de todos los géneros literarios, los más sociales y los más íntimos; ha generado así una literatura rica y abundante que ahora se empeña en la aceptación de la multiculturalidad y de la convivencia con otros pueblos y culturas, una literatura renovada siempre por generaciones que se enfrentan a nuevas esperanzas, a nuevos retos y a nuevos amaneceres.
Pensar que la literatura israelí es sinónimo de literatura judía es un error, como pensar que Israel es un Estado demográficamente monolítico; por el contrario, tanto la sociedad como la literatura de aquel pueblo es una muestra de interacción entre oriente y occidente, entre religiosidad y laicismo, entre las principales religiones monoteístas del mundo y entre una gran diversidad de lenguas, acentos y expresiones.
Quien se acerca a la literatura israelí se encuentra con poetas como Yehuda Amijai, novelistas de la estatura de Amos Oz y Batya Gur, de escritores en lengua árabe como el poeta Samih al-Qasim, el novelista Imil Habibi, incluso autores árabes en idioma hebreo como Anton Shammas y Sayed Kashua.
Hace ya más de un siglo algunos judíos, basados en la ilusión, aspiraron a revivir un idioma prácticamente muerto, el hebreo; después otros más aspiraron a narrar el mundo moderno en un idioma viejo como el tiempo; hoy, gracias a la organización de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una ventana más de diálogo se abre; como es habitual, con seguridad veremos, a partir de la primera semana de noviembre, nuevas ediciones y reediciones de autores israelíes, nos asombraremos, muchos, en las similitudes entre nuestras narraciones y nos podremos deleitar en lo que de universal tenemos los seres humanos, la esperanza, el amor y la inteligencia.
*Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM
