Una historia sin fin

En su momento fue patético ver a la jefa de Gobierno de la CDMX subida en una escalera, chaleco naranja, gorra, colita de caballo y trapo en mano para limpiar los letreros del Metro. Esos trabajos no solamente se hicieron en estaciones del Sistema de Transporte ...

En su momento fue patético ver a la jefa de Gobierno de la CDMX subida en una escalera, chaleco naranja, gorra, colita de caballo y trapo en mano para limpiar los letreros del Metro. Esos trabajos no solamente se hicieron en estaciones del Sistema de Transporte Colectivo. También se extendieron a diversas colonias con el propósito de “mejorar el entorno” de esos sitios, “para contar con mayores espacios públicos en beneficio de los habitantes en la capital del país”, según se consignó en los boletines de la Jefatura de Gobierno. La realidad demostró que el Metro requiere muchísimo más que agua y jabón.

Visto a la distancia, resulta increíble que ese tipo de campañas para tomar baños de sol codo a codo con la ciudadanía, con sus obligadas e inevitables fotos y videos bajo el amparo de las redes sociales, tengan el exclusivo propósito de abonar tempranamente para la candidatura a la silla grande. Sorpresas de la vida, esos actos se suspendieron unos dos años por la pandemia de covid-19. Sin embargo, el colmo del absurdo es que se quiera tomar ventaja desde una posición de privilegio hacia la Presidencia de la República cuando los usuarios del Metro ahora más que nunca, viajan (viajamos) en éste con el Jesús en la boca.

Con el paso de las décadas, el Metro de la CDMX pasó de ser un medio de transporte eficiente y económico a un viacrucis garantizado en horas pico. En definitiva, hoy día es un boleto de cinco pesos para jugar a la ruleta rusa. Este mes de enero no será el del Metro. Al menos una docena de incidentes en sus instalaciones al día de hoy así lo confirman: suspensiones del servicio por largos minutos, fallas en sus sistemas, choque de trenes, cables desprendidos, humaredas, cortocircuitos e incendios.

Sospecho, asimismo, que la situación que guarda el Metro en estos momentos entorpece que 2023 sea el año ideal para hacer campaña adelantada, no obstante la proximidad de la gran decisión camino a las elecciones de 2024. No existe, sin embargo, encrucijada alguna. Se atiende el problemón de esos trenes naranjas hasta que llegue el momento de dejar la oficina, de acuerdo con el calendario electoral, pero al mismo tiempo hay un actuar en modo dios Jano, con un rostro ante la altísima responsabilidad de gobernar la ciudad más grande del mundo y el otro frente los eventuales votantes del futuro, con los gobernadores de las entidades amigas en pleno besamanos para dar continuidad a la 4T.

Con esa puesta en escena, los defectos en el Metro continuarán. No son cosa nueva. Es una historia sin fin, como la del poder que quiere seguir en el poder en el despacho máximo del poder. “El 83% de los usuarios apuntó que las recientes fallas del Metro son un problema de mantenimiento”. Por otra parte, “el 60 por ciento de los consultados rechazó que los recientes incidentes en el Metro sean producto de un sabotaje, mientras que 36 por ciento sí lo cree”, según una encuesta de El Financiero (24/I/2023).

Y con ese panorama se asoma la torpe alcaldesa de Cuauhtémoc, a la que le decomisaron propaganda de guerra sucia. Sí, al Gobierno de la CDMX le dolió en el alma perder la Cuauhtémoc, pero está científicamente comprobado que administrar cualquier demarcación con puro porro trae consecuencias.

CAJA NEGRA

En los lejanos años 80 escuchábamos a Polo Polo gracias a que algún pirata piadoso grabó sus shows en casetes que circularon profusamente entre el público menor de edad que, obviamente, no podía asistir a sus funciones. A escondidas de los adultos, algunos de los cuales hablaban de lo fantástico que se la pasaban en los centros nocturnos donde el comediante se presentaba, soltamos la carcajada con aquellos mil y un chistes picantes de Polo Polo, muchos de los cuales permanecen en nuestra memoria colectiva. Descanse en paz.

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