Robo
Spotify reproduce millones de canciones sin que a la fecha haya un punto de acuerdo satisfactorio para los músicos, es decir, para la gente que hace que el dinero crezca a pasto en las cuentas bancarias de esta plataforma.
Disponibles a través de diversos sitios de streaming están la película La red social (2010) y las series El código de la discordia (2021) y La playlist (2022). La primera aborda la génesis de Facebook, la revolucionaria y superpopular plataforma que hizo posible encuentros y reencuentros con familiares y amigos en la que de igual manera se comparten información y noticias, verdaderas y falsas. La segunda retrata los días y los años de los diseñadores que aportaron la idea original de Google Earth, el sistema que muestra casi cualquier punto del planeta, en tanto que la tercera, a lo largo de sus seis capítulos, ofrece las versiones de los principales involucrados en las batallas de la sueca Spotify, el servicio inconmensurable de música global.
Sobresalen en esta tercia de historias un par de aspectos, a saber: Que sus fundadores son multimillonarios precoces y que en algún momento han sido acusados de robo.
Las teorías de las masas pusieron sobre la mesa interminables discusiones sobre los alcances de las autonomías y las independencias. Facebook claramente se convirtió en un influyente canal. La mayor referencia acaso sea el escándalo de Cambridge Analytica, la consultora británica de “comunicación estratégica” que recopiló datos de millones de usuarios de Facebook para utilizarlos con fines de propaganda política. Así, Cambridge Analytica colaboró con las campañas de Donald Trump y el Brexit, por ejemplo.
Evidentemente no había manera de que Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, previera ese tipo de utilidad perversa de un invento que maximizó a partir de la idea de alguien más, situación de tensa trama durante toda La red social y por la que, en su momento, llegó a un acuerdo compensatorio de más de 75 millones de dólares, refiere el filme.
Caso espinosamente similar resulta El código de la discordia, cuyo punto de conflicto se revela pronto: En 1994, dos jóvenes de Berlín irrumpieron con Terravision, lo que una década después se conociera como Google Earth, plagio hecho y derecho precisamente a partir de sendos encuentros de ese par de chicos con un chulo de Silicon Valley, personaje que, con elevado cinismo, afirma en tribunales no recordar a sus colegas teutones: “He visto y conocido a mucha gente en los últimos años”.
Finalmente, desde el punto de vista más asquerosamente reaccionario, La Playlist revitaliza la vieja pelea entre intérpretes y compañías discográficas. Los sellos musicales imprimen discos que carecen de folio, por lo que incrementan la factura de la impresión y se genera una especie de “piratería”. Spotify reproduce millones de canciones sin que a la fecha haya un punto de acuerdo satisfactorio para los músicos, es decir, para la gente que hace que el dinero crezca a pasto en las cuentas bancarias de esta plataforma. El baterista Mike Portnoy denunció que Daniel Ek, el director fundador de Spotify, nunca ha escrito una canción, pero es tres veces más rico que Paul McCartney.
El caso es que hay una línea muy delgada entre el hurto de ideas y la “apropiación estética”. Carmen Galindo, mi antigua maestra de la facultad, se refirió al asunto en una reciente columna en El Universal: “Los Seminarios de Tesis consisten en que los alumnos exponen y someten a la crítica de los compañeros del seminario sus ideas y sus textos. El robo de ideas es tan frecuente que en El Colegio de México acuñaron la frase de que las ideas son de quien las ‘trabaja’. Profesores y alumnos de estos seminarios aportan ideas y recomiendan bibliografía (incluidas tesis, sean o no del seminario). En lo personal, no temo que mis alumnos se roben mis ideas; al contrario, me da gusto que les hayan convencido mis argumentos”.
Con tecnología o sin ella, el robo es un delito. Por desgracia, existen lagunas legales en algunos casos y, en otros más, “intereses superiores” que impiden la aplicación correcta de la justicia.
