Qatar 2022: por una final digna (VI)

Debido a la amplificación de las redes sociales, quizás ningún futbolista en la historia como Messi para exponer que en este deporte no hay medias tintas. El niño que llegó a La Masía y que ha ganado un sinnúmero de trofeos en Europa.

Polémicas de los partidos al margen, que las ha habido, la final del Mundial de Qatar 2022 es un premio para los aficionados. Por un lado, está la sensación de por fin ver a Leo Messi ante su última oportunidad de alzar la Copa del Mundo. Por el otro, disfrutar del gran manantial de jugadores del balompié galo, cerca de conquistar el bicampeonato.

Hace ocho años, cuando traía las riendas del Olympique de Marsella, Marcelo Bielsa, hombre obsesivo, entre otros aspectos, de la formación de futbolistas, soltó aquellas famosas palabras: “Creo que el futbol francés tiene a los mejores jugadores jóvenes del mundo, eso me parece la expresión máxima de esta liga. Los jóvenes surgidos en la liga de Francia juegan un futbol físicamente potente, técnicamente rico, muy combativo, muy disputado”.

Debido a la amplificación de las redes sociales, quizás ningún futbolista en la historia como Messi para exponer que en este deporte no hay medias tintas. El niño que llegó a La Masía, la escuela de futbol del Barcelona, y que ha ganado un sinnúmero de trofeos en Europa, está ante su segunda posibilidad de agregar a su palmarés el que le hace falta tras la final perdida contra Alemania, en Brasil 2014.

Sin embargo, prácticamente desde que debutó con el equipo mayor de la albiceleste, se han hecho más o menos frecuentes las violentas e injustas frases sobre el desempeño de Messi en los Mundiales de parte de los especialistas de los medios de comunicación argentinos. El célebre preparador físico Fernando Signorini, el único que trabajó con Maradona y el gran Leo, me lo dijo claramente hace tiempo: “A Messi lo critican porque no habla. A Diego lo criticaban porque hablaba mucho. ¿Por qué quieren que hable Messi? Porque si no habla, no venden. Es un juego perverso”.

En ese sentido, me da la impresión de que nadie como Messi merece el título mundial, demasiada recompensa, asimismo, para sus virulentos paisanos que le reclaman por haber ganado “todo” con el Barça y “nada” con Argentina.

Por otra parte, la ultraderecha francesa lo ha manifestado con todas sus letras: esos que juegan con el uniforme de Francia, sencillamente, no son franceses. Hay una línea muy delgada entre el racismo y eso que los políticos fachos llaman “defensa de la identidad nacional”. Hace años, con magnanimidad eurocentrista, Arrigo Sacchi, admirado entrenador, señaló que “Italia ya no tiene dignidad u orgullo porque tenemos demasiados jugadores extranjeros jugando en los campeonatos Sub 20: en nuestros equipos de formación hay demasiados negros”.

El asunto tiene varios frentes. El martes, el politólogo Yasmin Mujanović colgó un video en su cuenta de Twitter y apuntó: “Los jugadores croatas celebran con una canción del neofascista Thompson, en el que se hace explícita referencia al régimen criminal de Herceg-Bosna en Bosnia durante la guerra. Los líderes de Herceg-Bosna fueron condenados por crímenes contra la humanidad”. La FIFA tiene un expediente abierto contra Croacia por cánticos y burlas de sus aficionados hacia el portero de Canadá, Milan Borjan. Además, se mostró una manta que hacía referencia Knin, la ciudad natal de Borjan, bombardeada por el ejército croata en 1995, por lo que el portero y miles de serbios abandonaron su tierra. Así las cosas, Croacia se juega hoy el tercer lugar de Qatar 2022 ante la sorprendente Marruecos.

Como sea, la mentada “familia del futbol” tiene la ocasión de condenar públicamente el caso del futbolista iraní Amir Nasr-Azadani, detenido por demandar derechos y libertades de las mujeres de su país. En esa vorágine, la de mañana será una final digna, con dos sólidas expresiones en el campo. Pero ese encuentro tendría mucho mayor dignidad si argentinos y franceses manifestaran su apoyo a Nasr-Azadani antes del silbatazo inicial, imagen que le daría la vuelta al planeta. Que gane el mejor.

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