25 de marzo.- Afuera de la Puerta 1 del Estadio Banorte (mejor conocido como Estadio Azteca), obreros y proveedores entran y salen como si fueran parte de una colonia de hormigas. No es para menos. El Coloso de Santa Úrsula será sede de la tercera ceremonia de inauguración de un Mundial, el 11 de junio, seguida del partido entre México y Sudáfrica. Se corre la voz para que personal de limpieza invite a conocidos a incorporarse a esas labores, exclusivamente nocturnas, alcanzo a escuchar.
¿Hay razones para preocuparse? Hablando estrictamente de futbol, no lo sé. Entiendo que varios de los mejores jugadores de la Selección Mexicana se recuperan de lesiones, de El Chino Huerta a Edson Álvarez, por sólo mencionar dos ejemplos. Colegas expertos señalan que este Tricolor será el equipo de Raúl Jiménez, competente delantero del Fulham, de la Liga Premier. ¿Jugará el portero Memo Ochoa su sexta Copa del Mundo, como pregonan algunos periodistas deportivos? La respuesta es “no”. Ochoa fue suplente en Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.
Las preguntas pertinentes, en todo caso, son las que se hacen los vecinos al hoy llamado, por razones comerciales, Estadio Banorte o Estadio Ciudad de México, por argumentos que solamente la FIFA conoce y a nadie le importan. Como decía Ibargüengoitia: son cosas que no le interesan ni al interesado.
Estoy en el Azteca para hacer una nota referente a su reapertura, programada para este sábado con el amistoso entre el Tri y Portugal, que está en nuestro país sin la superestrella Cristiano Ronaldo, de momento lesionado, pero este sí con posibilidades de participar en el campo de juego para anotarse su media docena de Mundiales.
Vecinos de Santa Úrsula me aseguran que las obras han presentado problemas y molestias. Todo mal planeado. En martes, por ejemplo, “se les ocurre cerrar, cuando hay tianguis, en lugar de cerrar hoy (miércoles) o el lunes para que el tránsito fluya”, me dice Daniela Díaz, dueña de una farmacia de barrio que ha hecho recorridos de 45 minutos para llegar a su negocio, en lugar de que le permitan pasar de Tlalpan a su local, que está a cuatro cuadras.
El caso es que me encuentro a las afueras de la obra de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares, y me entero de que la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, inaugurará un bonito parque. Acompañada por miembros de su gabinete y los alcaldes de Coyoacán y Tlalpan, aprovecharon para mostrar algunas mejoras al espacio público. Demagogia mundialista, pues. Habrá que darse una vuelta dentro de un año, digamos, a ver las condiciones de estos lugares que se presumieron. Ni logros ni hitos. Con futbol o sin él, es obligación de las autoridades hacer mantenimiento preventivo y correctivo. Si se me permite la analogía, en la milicia las “peticiones” se llaman “órdenes”.
Y claro que uno no es experto ni mucho menos. Pero al Estadio Banorte como que le falta y quién sabe si estará listo al ciento por ciento, en todos los órdenes, dentro de dos meses. Alguien con conocimiento de causa me dijo: “No creo”, puesto que van atrasadísimos.
Ante el Azteca sigue, y seguirá, por fortuna, El sol rojo, la escultura monumental de Alexander Calder, pero precisamente el círculo bermellón ha perdido un poco su color. ¿Le vendría bien una manita de gato? Posiblemente, pero no se les vaya a ocurrir a los ingenieros de ICA meter mano. Para ello hay restauradores muy buenos y, eventualmente, habría que hacer una solicitud formal a las autoridades culturales, me parece.
Hoy habrá un caos a kilómetros a la redonda del Azteca por el partido mencionado, prueba de fuego para el Mundial 2026. Suerte con eso.
