Prioridad
En la agenda de la ministra Norma Piña, presidenta de la Suprema de Corte de Justicia de la Nación, recordaron los expertos, están el aborto y los derechos de la comunidad lésbico gay, dos asuntos que provocan el pudor del Presidente de México.
México inició el año con dos sucesos históricos. Por un lado, el nombramiento de Norma Piña como presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Por el otro, la captura de Ovidio “N”, con diversas cuentas pendientes ante las autoridades mexicanas y estadunidenses. Evidentemente, ambos hechos robaron tanto las portadas de los diarios como los espacios informativos de la radio y la televisión, por no mencionar el tráfico que durante largas horas generaron en las redes sociales.
La ministra presidenta Piña abre un nuevo frente para las mujeres. Los perfiles divulgados sobre ella coinciden, básicamente, en que se trata de una feminista “alejada” de ese proyecto llamado Cuarta Transformación. En su agenda, recordaron los expertos, están el aborto y los derechos de la comunidad lésbico gay, dos asuntos que provocan el pudor del Presidente de México.
Nunca me explicaré cómo un hombre que se estableció en la izquierda, por las mil y una razones que sean, capotea ese par de asuntos mencionados líneas arriba. Quizás sea su creencia religiosa la que le impide abordar de manera puntual esos temas, pero ello merecería por sí solo un texto de opinión. Sólo resta mencionar que la fe mueve montañas, pero también cierra caminos.
Por su parte, la segunda captura de Ovidio “N”, seguida, esta vez, de su traslado al penal del Altiplano, puso de nueva cuenta a Culiacán en el mapa por su jornada de extrema violencia hacia la población, terror extendido a Mazatlán, Guasave, Los Mochis y demás municipios. El más reciente corte de caja arroja que hay 21 detenidos, 19 “agresores fallecidos”, además del aseguramiento de armamento y vehículos. Hay, asimismo, diez militares fallecidos y 35 heridos.
Sin embargo, habría que estar atentos a toda esa gente que sufrió la violenta alteración de su vida cotidiana y, asimismo, fue despojada de una parte de su patrimonio, es decir, los 250 vehículos incendiados, según el registro oficial, utilizados para bloquear el paso en las carreteras. Se dirá que desde hace tiempo los sinaloenses están curados en salud respecto al narco, pero eso no significa que las autoridades competentes estén orilladas a otorgar carta blanca a la delincuencia o sean omisas respecto a esa problemática. Dicho de otra manera, adaptarse a las reglas del crimen organizado no representa novedad alguna, pero es la madre de todas las anomalías. La población de Sinaloa, Chihuahua, Saltillo, en fin, tiene una profunda herida en espera de su cicatriz.
Resulta curioso la manera en que las cosas dan un giro inesperado. Tras el fiasco universitario de la ministra Yasmín Esquivel, pecado imbécil de juventud que le pegó al tribunal más alto del país y a la máxima casa de estudios, surge una gran oportunidad para poner contrapesos en un país cuya agenda está sujeta “a la voluntad de un solo hombre”, como han apuntado los críticos de Andrés Manuel López Obrador. Por su parte, la captura de Ovidio Guzmán supone un fuerte golpe a su organización criminal, así como la suma de una pieza clave en el armado del complejísimo rompecabezas de la delincuencia.
Ambos hechos parecen aislados, pero se atraen como fragmentos a un imán. El imán de la justicia. Ese magnetismo cuya máxima prioridad (disculpará el lector la redundancia) es la gente, con especial cuidado hacia las minorías y las poblaciones vulnerables. Los ciudadanos de a pie todos los días cumplen sus obligaciones, no obstante el pisoteo frecuente a sus derechos, pero la prioridad es la gente y toda autoridad está para tomarlo en cuenta permanentemente.
