Locos de remate

Está científicamente comprobado que la práctica habitual de la lectura estimula la imaginación y dota de más y mejores armas para resolver problemáticas en el ámbito académico y laboral.

6 de abril.– Son muchos. Demasiados libros. Millares de páginas en espera de ser leídas por cientos y cientos de posibles lectores que procuran cualquier variedad de títulos bajo las carpas instaladas al pie del Monumento a la Revolución. Libros cubiertos con el retractilado intacto, no obstante que hace tiempo dejaron de ser novedad. Libros usados y viejos, algunos intonsos. Colecciones enteras que pertenecieron a una biblioteca personal en busca de un nuevo refugio, separadas por el capricho de los postores. El Gran Remate de Libros cumple 15 años y los lectores empedernidos lo celebran.

Sí, los índices de lectura en México son paupérrimos, impacto que golpea tanto a la educación pública como privada. Las escuelas de “renombre” otorgan a los estudiantes “prestigio” (lo que ello signifique) y conexiones (tráfico de influencias). Por otro lado, y como es de conocimiento público, la siempre respetable UNAM hoy mismo batalla con el caso de una tesis de una ministra de la Suprema Corte. Nada es garantía de nada, pero está científicamente comprobado que la práctica habitual de la lectura estimula la imaginación y dota de más y mejores armas para resolver problemáticas en el ámbito académico y laboral.

Fue lamentable la hora en que Francisco Gil Díaz, en su calidad de secretario de Hacienda durante el foxismo, refiriera que en nuestro país “los lectores son de cuentuchos como ‘El libro vaquero’”, no de libros “serios”. Lo increíble del asunto es que la frase, citada de memoria, la pronunciara un universitario, a su vez conferencista en recintos de educación superior. Pero esto es el aquí y el ahora: hay profesionistas con doctorados apenas capaces de redactar un par de párrafos. Y lo hacen con faltas de ortografía.

Leer de nada sirve. Hacer ejercicio, tampoco. Ambas actividades requieren tiempo y esfuerzo. Qué flojera. El sedentarismo es un ancla. Si el SAT condonara los impuestos a los lectores (a través de un riguroso examen), las arcas públicas jamás notarían la diferencia.

Lo cierto es que la humanidad edita un libro cada medio minuto. Se imprimen muchos más libros de los que se leen, pero eso no quiere decir que las editoriales deban triturar el material guardado en bodegas. Y el Gran Remate de Libros, que concluye mañana, es una feria de saldos que evita ese triste desenlace con precios ridículos: 10, 15, 20, 50 pesos. Ciertamente, hay ejemplares que llegan a los 500 pesos, o más, pero casi nadie los toma (y el que lo hace, se le queman las manos cuando nota o pregunta el precio). La media de los libros “caros” es de 100-150 pesos, cuando se ofertan en librerías a más del doble.

Títulos adquiridos por quien esto escribe en el 15º Remate de Libros de la CDMX:

Crimen, terror y páginas, El Nacional, prólogo de Sergio González Rodríguez, México, 1990.

– Zino Davidoff, The connoisseur’s book of the cigar, McGraw-Hill Book Company, Nueva York, 1984.

– Antonia Fraser, Reinas Guerreras. Audaces mujeres de ayer y hoy que fueron líderes de su tiempo, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1995.

– María José Garrido Asperó, Peloteros, aficionados, y chambones. Historia del Juego de Pelota de San Camilo y de la educación física en la Ciudad de México, 1758-1823, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología/Instituto Mora, México, 2014. (Serie Historia Social y Cultural).

– Dashiell Hammett, Todos los casos de Sam Spade, RBA, Barcelona, 2011. (Serie Negra).

– Vicente Leñero, La gota de agua, Plaza & Janés, México, 1983. (Serie Narradores Mexicanos).

– Marie-Eve Thérenty, La historia cultural y literaria de la prensa cuestionada, edición y presentación de Laura Suárez de la Torre, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología/Instituto Mora, México, 2018. (Serie Magistrales).

Total: 445 pesos. El remate en el Monumento a la Revolución concluye mañana.

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