La ONU llama a regular la IA
Temen que la IA se convierta en una herramienta para ampliar las ya profundas brechas de desigualdad. España, por ejemplo, lo planteó en los siguientes términos: “O gobernamos la IA o la IA nos gobernará”.
Cuando éramos niños, mi generación preguntó a nuestros maestros por qué la Organización de las Naciones Unidas, a la que intuíamos como la máxima autoridad mundial, no intervenía para detener las guerras. Asimismo, interrogamos sobre la Guerra Fría, conflicto carente de los grandes enfrentamientos militares. Eran demasiadas dudas sin resolver, mucha documentación, de ahí en adelante, por el resto de nuestras vidas. En ese sentido, el paradigma de nuestra era es la inteligencia artificial. En su 80 aniversario, la ONU está consciente de ello. Y, como con las guerras, poco puede hacer.
Naciones Unidas ha sido muy dada a los discursos que únicamente quedan para la memoria documental. Sus reuniones no distan de lo que se escucha en las asambleas universitarias: muchas ideas (algunas brillantes), pero escaso campo de acción (la praxis y la polis, atomizadas). Pero si el spleen del siglo XIX supuso la inserción definitiva del capitalismo en la vida cotidiana, la inteligencia artificial es el manantial latente de la actualidad. En sus inicios, se dijo que la internet era el Aleph. Hoy en día, la IA es el Aleph con esteroides.
Consciente de ello, la Asamblea General de la ONU se reunió para discutir la gobernanza de la inteligencia artificial.
Destacan tres grandes posturas que bien podrían definir nuestro futuro, a saber.
Por un lado, los países en desarrollo no quieren ser la nueva periferia de la revolución tecnológica. Temen que la IA se convierta en una herramienta para ampliar las ya profundas brechas de desigualdad. España, por ejemplo, lo planteó en los siguientes términos: “O gobernamos la IA o la IA nos gobernará”. Quizás hoy, más que nunca, la tecnología es capaz de concentrar el poder en unos pocos.
Asimismo, se habló de un Fondo Global para el Desarrollo de Capacidades, una suerte de Plan Marshall para que la inteligencia artificial no sea un lujo, sino una herramienta para la humanidad entera. El poder tecnológico, creador de esta nueva normalidad, ofrece innovación, progreso y desarrollo, pero con una regulación tersa y flexible. Es cierto: la IA parece superarse cada minuto. Sin embargo, el reparo consiste en que las regulaciones detengan la maquinaria de la que dependen sus multimillonarias ganancias. Como sea, la demanda apunta a que las decisiones importantes no se tomen en los parlamentos, sino en las salas de juntas de Silicon Valley. Algoritmos con los humanos fuera de la ecuación. Parafraseando a Philip K. Dick: ¿De verdad sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Finalmente, la intervención de la diplomacia y la razón. El secretario general de la ONU, António Guterres, no dudó en citar una necesaria regulación global. Su propuesta, aprobada en agosto por consenso, es un diseño de gobernanza global que incluye un Panel Científico Internacional Independiente, y un Diálogo Mundial sobre la Gobernanza de la IA. Es la voz que busca un punto de encuentro para que la humanidad no pierda el control de su propia creación.
En el fondo, esto fue el punto de partida de una conversación que tendrá larga data. Los cambios tecnológicos más profundos modifican nuestra economía o nuestra forma de comunicarnos. Pero también tienen el potencial de reconfigurar el poder.
CAJA NEGRA
Las discusiones sobre la IA no son nuevas en el seno de la ONU. En los años recientes, el interés se incrementa al escrutinio de los alcances de la tecnología e innovación. El considerado primer gran paso se dio en 2021, cuando la Conferencia General de la UNESCO adoptó por unanimidad la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, instrumento normativo inaugural sobre la materia. La intención de la UNESCO es que los beneficios de la IA se distribuyan de forma justa en todo el mundo.
