La alcaldía Cuauhtémoc se queda sin color

En tanto se realizan las siguientes elecciones, usted paga los errores y los horrores de una muchacha segura de tener talento para la política

El pasado 25 de abril, Sandra Cuevas, la alcaldesa de Cuauhtémoc, encabezó la primera etapa de la Jornada Integral de Mejoramiento del Entorno Urbano en las colonias Juárez, Roma y Condesa, con la pretensión, tuiteó la susodicha, de que “¡Vamos a rescatar el atractivo visual y áreas verdes de #Cuauhtémoc en tiempo récord!”

Grosso modo, el referido “operativo”, enfocado en más de cien mil comerciantes de esa demarcación, tiene por objetivo eliminar los rótulos de los puestos callejeros y pintarlos de blanco, pero con el escudo de la alcaldía.

Asimismo, se detalla que las autoridades competentes comprometieron a los comerciantes a conservar limpias sus áreas de trabajo y los alrededores. “En esta construcción de acuerdos se podrá coexistir en paz y armonía entre todos”, dijo Cuevas. “La limpieza y belleza de la alcaldía es tarea de todos”, reza el boletín 066 de la Cuauhtémoc, disponible en su sitio web.

Ante estos hechos, defensores de la gráfica popular alzaron la voz. Argumentan que, al margen de los gustos o las apreciaciones estéticas, los rótulos son parte de la cultura de la siempre caótica Ciudad de México. Así, por ejemplo, letreros de “Tortas gigantes”, con una pintura de algo que se parece, ridículamente, a una torta gigante, o “Jugos y licuados Jimmy”, con dibujos de frutas y un mozalbete que presume sus bíceps, acaso el tal Jimmy, han sido o serán borrados de las láminas.

Durante la vertiginosa transformación de la ciudad más grande del mundo, las pinturas de los puestos callejeros (y de los locales) han sido parte del atractivo de nuestra urbe, cuyo vientre es la alcaldía Cuauhtémoc, precisamente. Sin más, esos comercios son una colorida extensión de tianguis y mercados con sus frutas, verduras y flores, artesanías, ropas y demás productos. La higiene de los puestos de garnachas nada tiene que ver con el ingenio que ciudadanos anónimos imprimieron a esos pequeños comercios, “lienzos” para el peatón.

Acaso lo kitsch lastime los ojos de la alcaldesa Cuevas, nuevamente metida en camisa de once varas, pero virgen de cultura visual, incapaz de distinguir, por si poco fuera, un mural de un rótulo: subalternos suyos borraron el mural

Mujer en diálogo con el progreso, de Sego Ovbal, en el Mercado Juárez, según la denuncia del propio artista, mismos subalternos que, de manera fulminante, fueron despedidos.

“Las dos personas que permitieron que se eliminara ese mural ya no trabajan en la alcaldía. Por otra parte, ya se acordó con el artista otro mural, pagado con recursos de esta administración”, es decir, con dinero de los contribuyentes. En tanto se realizan las siguientes elecciones, usted paga los errores y los horrores de una muchacha segura de tener talento para la política.

Por lo demás, en los puestos de lámina ciudadanos y vecinos acuden en busca de cerrajeros, plomeros, hospitales de computadoras y celulares, peluquerías, en fin.

Hace años, cuando trabajaba cerca de avenida San Cosme, pasaba de vez en cuando a visitar un “Libro Club”, nada más ni nada menos que un puesto de lámina en el que su marchante, al que siempre pesqué leyendo, vendía libros de segunda mano. Pero no cualquier título, sino que era evidente que el hombre hacía una criba, además de contar con volúmenes en buen estado y a precios muy accesibles.

Aunque se trata de un puesto peculiar estrictamente visitado por enterados, la imagen neutra (blanca) le quitaría el atractivo al eventual lector que, por suerte, se tope con ese oasis cercano del barullo del Circuito Interior.

Según la teoría respectiva, el pigmento blanco es la ausencia de color. Sandra Cuevas pretende dejar sin color a su alcaldía.

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