El terror nuestro de cada día
Basta con ser ciego y sordo, pero nunca mudo (y un teléfono inteligente hace el truco), para andar quebrando las pelotas, no obstante Genaro García Luna. El calderonismo es un gran objeto de estudio para la escuela lacaniana.
Dado que todos los días recibimos clases de moral, habría que subrayar las diferencias entre lo justo y lo correcto. Entre lo bueno y lo malo. La privación ilegal de la libertad de cuatro ciudadanos estadunidenses en Matamoros estuvo mal. Los levantones que efectúa el crimen organizado hacia las poblaciones que controla o desea controlar también están muy mal. La muerte de dos de los cuatro secuestrados de nuestro vecino país del norte obviamente indica que la seguridad pública es perfectamente inútil e incompetente. Lo bueno, con el debido respeto, es que hay dos sobrevivientes que podrán rendir declaración para que las autoridades de su país se coordinen con las nuestras a fin de llevar a los responsables de éste y tantos crímenes más a la justicia. Lo malo es que los mexicanos no contamos con esa celeridad en caso de sufrir delitos como la trata, el cobro de piso, los retenes y un largo etcétera, acciones que escandalizarían a los turistas daneses que, dicen los que saben, gozan de un gran sistema de salud.
Del lado sur del río Bravo la protección ciudadana suele llegar a la población de a pie tarde y mal, lo que no quiere decir que esos gringos que tuvieron la pésima suerte de visitar Tamaulipas hayan recibido un trato especial de parte de la justicia, aunque ciertamente la presión del gobierno de Estados Unidos tuvo un efecto que permitió dar con ese par de sobrevivientes, quienes, por cierto, están fichados en la nación de las barras y las estrellas y “son muy conocidos por salir de fiesta y usar narcóticos”, de acuerdo con testimonios “amigos”. Así las cosas.
Como nadie se manda solo, el miércoles por la noche cinco hombres amarrados fueron abandonados en las calles del centro de Matamoros, acompañados de un mensaje escrito en una cartulina “en la que el grupo Escorpiones del Cártel del Golfo ‘condena’ el secuestro y ‘se disculpa’ con la sociedad por la muerte de tres personas, entre ellas una joven que pasaba por el lugar y que fue alcanzada por las balas”, según reportaron diversos medios, además de que la policía aseguró “la clínica y la ambulancia utilizadas para dar atención a estadunidenses secuestrados”.
A la gravedad del asunto tamaulipeco le han abonado a tuitazos Felipe Calderón, su esposa, su hijo y hasta su perro. Durante su administración, el can del expresidente, huelga decir, fungió como secretario del Trabajo. Basta con ser ciego y sordo, pero nunca mudo (y un teléfono inteligente hace el truco), para andar quebrando las pelotas, no obstante Genaro García Luna. El calderonismo es un gran objeto de estudio para la escuela lacaniana.
El presidente López Obrador, empero, se mete en una encrucijada al afirmar que la 4T atiende las causas ante las cifras y los hechos de terror y muerte. En todo caso, la ambivalencia respecto a la presencia de los militares de México en los “territorios calientes”, así como en la asignación de tareas regularmente atendidas por civiles acaso impulsó a algunos legisladores republicanos a proponer la “ayuda” del gobierno de Estados Unidos mediante sus fuerzas armadas con el propósito de combatir el tráfico de drogas.
En ese sentido, si México es un narcoestado, ¿por qué no habría narcoterrorismo en nuestro territorio? Esos videítos que circulan en las redes en los que se escuchan balazos o se aprecia a chundos armados hasta los dientes ciertamente provocan terror a quienes padecen esas felonías en directo, pero asimismo activan las alarmas de los que nunca, por fortuna, han vivido una situación similar. En suma, y prácticamente a diario se renuevan esos horrores, desde hace varios años México tiene garantizado el terror nuestro de cada día. Y sí, la guerra contra el narco contribuyó decididamente a ello.
