El ejército con otro nombre
Como sea, impacta el ataque de la Guardia Nacional a Ángel Yael Ignacio Rangel, en Irapuato, el 27 de abril, pero impacta más que esa injusticia no tenga la resonancia nacional que merece
En la primaria tuve maestros muy mentirosos. En las clases de historia, por ejemplo, decían que Miguel Hidalgo y compañía lograron la Independencia por- que tenían “ganas de ser libres”. Por lo demás, es muy mexicano eso de “echarle ganas” en la escuela, el trabajo o el futbol. Sobre la actualidad de ese entonces, en las clases nos salieron con el cuento de que nuestro ejército era motivo de orgullo dados sus servicios a la patria. Atribuyo esa falsedad a dos sucesos que nos marcaron para siempre, a saber: el Movimiento del 68 y la negra fama y caída de Arturo Durazo, jefe de la policía del Distrito Federal, nombrado “general” por el presidente José López Portillo, su amigo.
Surgió, pues, una suerte de fábula sobre el ejército “bueno” y la policía “mala”. Pero no. Pasados los años advertimos los crímenes de la Guerra Sucia y de que al cura Hidalgo y a su gente la hicieron cachitos y exhibieron sus cabezas en la Alhóndiga de Granaditas. Por otra parte, en mi tierra natal, los soldados (llamados allá guachos, en “sinaloense”) colaboraron activamente en tareas del narcotráfico, situación ampliamente documentada, y los judiciales de la capital, en sus tiempos libres y a punta de pistola, se dedicaron a extorsionar a jóvenes por el simple hecho de verlos sentados en una banqueta, por ejemplo. Con todos estos elementos, bien se podría escribir una historia sobre el terror en México.
Hace varias décadas el ciudadano de a pie tiene razones de sobra para desconfiar de las fuerzas de seguridad.
Prácticamente todos conocemos afectados, directa o indirectamente, por abusos de la policía o el ejército. Durante su campaña a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador prometió regresar a los soldados a sus cuarteles, pero nada. Ahora los uniformados de verde hacen todo tipo de tareas y su presencia se ha multiplicado en el panorama.
Pero en este escenario surge una contradicción, pues las encuestas señalan que precisamente las Fuerzas Armadas cuentan con altas aprobaciones de parte de la población.
Como sea, impacta el ataque de la Guardia Nacional a Ángel Yael Ignacio Rangel, en Irapuato, el 27 de abril, pero impacta más que esa injusticia no tenga la resonancia nacional que merece. El estudiante de la Universidad de Guanajuato, de 19 años, ignoró el alto en un retén de la GN.
¿Fue el temor del joven a los uniformados lo que detonó su huida? ¿El hecho de que un vehículo no se detenga es razón para abrir fuego? ¿Pensó Ángel Yael que el retén era un montaje con el objeto de secuestrarlo? ¿Lo confundió la GN con un capo del crimen organizado? Ya sean policías o soldados, México tiene un largo historial contra sus jóvenes.
Por otra parte, de verdad es tan difícil imaginar el siguiente diálogo en un retén:
—¿Qué mercancía trae en esas cajas?
—Traigo pura metanfetamina, jefe. Pero también traigo esta maletita con veinte mil dólares, si me deja pasar.
En tanto se resuelve legalmente la situación lamentable de Ángel Yael, la única certeza es que la Guardia Nacional es el Ejército con otro nombre.
- CAJA NEGRA
Efectivamente, cuando Donald Trump abre la boca no se anda con medias tintas. Su exsecretario de Defensa, Mark Esper, revela en un libro de próxima publicación que el expresidente de Estados Unidos propuso, en un par de ocasiones, lanzar misiles a México para “destruir los laboratorios de drogas”, esto antes de las elecciones de 2020, operación que sería negada por el gobierno del país de las barras y las estrellas y quedaría con la leyenda de top secret. Y pensar que la liberación de Ovidio Guzmán fue para evitar el derramamiento de sangre de inocentes
