El ejemplo de Pelé
En una esquina de Guadalajara, un letrero grande lucía ante los transeúntes: “Hoy no trabajamos porque vamos a ver a Pelé”. Y sí: las cinco veces que Brasil jugó en el Jalisco durante México 70, los tapatíos se tomaron el día
Mañana se cumplen 50 años. Pelé, descamisado y con sombrero de charro, fue alzado en hombros sobre la cancha del Estadio Azteca tras el silbatazo final que acreditaba a Brasil como campeón del Mundial de 1970 con un electrizante 4-1 sobre Italia, una de las estampas con las que culminó un extraordinario torneo. “Sin hacer juicios de valor”, escribió el novelista y cineasta Pier Paolo Pasolini, “sólo en un sentido puramente técnico, lo que sucedió en México es que la prosa estetizante italiana perdió ante la poesía brasileña”.
Pelé fue el héroe convocado de México 70 y Brasil el equipo consentido de la afición anfitriona, al margen del decidido apoyo hacia el cuadro mexicano, bautizado como el de los ratones verdes algunos años atrás por el mordaz Manuel Seyde, histórico periodista deportivo de Excélsior. Para los que no vimos “en vivo” a ese equipo de Jairzinho, Rivelino, Tostao, Gérson y Pelé ha sido sensacional seguirle la pista a través de una nutrida bibliografía y múltiples videos y documentales. Ocurre así con las leyendas. Henry Kissinger, el poderoso secretario de Estado de Estados Unidos, observó que “a pesar de que la mayoría de los aficionados al futbol de nuestros días nunca vio jugar a Pelé, en cierta forma es parte de su vida”.
No resulta exagerado señalar que Brasil tuvo en el estadio Jalisco la sucursal del Maracaná, catedral futbolera de Río de Janeiro. Hace tiempo encontré en el archivo de El Periódico de la Vida Nacional una foto peculiar. En una esquina de Guadalajara, un letrero grande lucía ante los transeúntes: “Hoy no trabajamos porque vamos a ver a Pelé”. Y sí: las cinco veces que Brasil jugó en el Jalisco durante México 70, los tapatíos se tomaron el día.
El 30 de noviembre de 2007, Marcelo Ebrard, entonces jefe del Departamento del Distrito Federal, lo citó en el Salón de Cabildos para nombrarlo Huésped Distinguido de la Ciudad de México, en una ceremonia con tufillo proselitista. En la política y en el amor hay cosas que no cambian. Pelé, que alguna vez rechazó una invitación de Bill Clinton para cenar en la Casa Blanca, nunca ha negado su predilección por nuestro país.
Coronados en suelo mexicano y agasajados en su tierra, algunos integrantes de la verdeamarela atendieron el llamado de su presidente, el general Emílio Médici. Desde 1964 Brasil estaba bajo el mando de una dictadura militar y antes de la Copa del Mundo Médici había “sugerido”, consigna Pelé en su autobiografía, la convocatoria de Dada Maravilha, su jugador favorito, por esos días delantero del Atlético Mineiro.
Tras la aventura mexicana, hecho todo un ídolo universal, O Reiinició un largo proceso para el retiro y se dedicó a “recuperar el tiempo perdido”; terminó la secundaria e hizo su examen de admisión a la carrera de Educación Física de la Universidad de Santos: “Todo mi tiempo libre transcurría en mi escritorio, leyendo y escribiendo”.
Su dedicación académica le otorgó las armas para desempeñar misiones en las Naciones Unidas y la Unicef, además de que, a mediados de los 90, fue nombrado ministro de Deportes del gobierno de Fernando Henrique Cardoso.
Sucede que las leyendas del futbol suelen perderse entre las sombras de las nuevas estrellas globales, cuya mayoría son renovables. Pelé es la gran excepción. “Es una de las pocas personas que contradicen mi teoría: en lugar de tener quince minutos de fama, tendrá quince siglos”, expresó Andy Warhol, el gurú del Arte pop.
La figura de Pelé, no exenta de aprietos (su hijo Edinho, exportero profesional, fue acusado de narcotráfico), ha inspirado a millones de mujeres y hombres. Me inclino a pensar que Pelé es ejemplo para algunos futbolistas que han seguido su estela dentro y fuera de las canchas.
Tomemos como ejemplo al inglés Marcus Rashford, joven de 22 años del Manchester United quien obligó al primer ministro Boris Johnson a dar marcha atrás, mediante una carta abierta, a la cancelación durante el verano de las comidas gratuitas a niños sin recursos, los más afectados, ciertamente, por el covid-19. Con la medida se llevó las portadas de los diarios británicos: “Rashford 1; Johnson 0,” tituló The Independent” “dejando de lado las afiliaciones políticas, ¿no podemos estar todos de acuerdo con que ningún niño debería acostarse con hambre?”, escribió Rashford.
El propio Pelé ha dicho que le rompe el corazón ver niños pobres en las calles. La energía de la niñez es la que convierte a los futbolistas en ídolos.
