Canal Nacional, herencia rescatada

Las historias más extremas refieren que cuando mataban a alguien, echaban el cuerpo al canal, y versiones de la nota roja dan cuenta de ello.

Durante la transición de los milenios, por voluntad de los vecinos, que no de las autoridades, fue posible el rescate del Canal Nacional. Siempre es impresionante ver en los bellos mapas de México-Tenochtitlán las comunidades-isla, al tiempo que resulta inevitable pensar en la posibilidad, o la fantasía, de que esas conexiones de agua permanecieran hoy en día como postales detenidas en otra época. Acaso la suerte del Canal Nacional fue echada en el marco del llamado “milagro mexicano” que, en cuestiones urbanas, por decirlo de manera simple, se encargó de destruir lo viejo a tontas y a locas para dar paso a la modernidad.

Hay más: las antiguas fotos en blanco y negro son evidencia de la actividad en el canal, espacio público con tráfico de las chinampas y las pequeñas casas de adobe a sus orillas, así como construcciones mucho más sólidas de dos pisos o iglesias, a veces con un gentío ataviado de sombreros y jorongos, además de que por ahí pasaron “los primeros buques a vapor que vio navegar el país”, recuerda el arquitecto Marco Coello.

Con el veloz paso de las décadas, el descuido le pasó factura al Canal Nacional, “cauce de agua a cielo abierto construido en la época prehispánica para facilitar el tránsito de personas y el intercambio comercial. Con una longitud de 12 kilómetros, desde la zona de las Chinampas de Xochimilco hasta el límite con Tlalpan, atraviesa tres de las actuales alcaldías de la Ciudad de México: Coyoacán, Iztapalapa y Xochimilco”.

Hay una foto de 2006 en la que el agua parece una nata amarillenta llena de basura, invadida, asimismo, por la maleza. Las historias más extremas refieren que cuando mataban a alguien, echaban el cuerpo al canal, y versiones de la nota roja dan cuenta de ello. Esa lamentable imagen fue captada por el arqueólogo y ambientalista Edmundo López de la Rosa, tenaz rescatador de esta herencia cuyas incidencias están relatadas, parcialmente, en Acalli aotli. Camino de agua. Memorias de Canal Nacional, volumen de publicación reciente patrocinado, entre otros, por la Unesco, el World Monuments Fund y Design Week Mexico.

Escribe López de la Rosa: “… al hablar del Canal Nacional en el presente libro significa hablar de un patrimonio vivo, no de un patrimonio casi muerto, porque revive pocas horas al día, dependiendo del horario de visita para los turistas”.

En efecto, los residentes frente al canal se encargaron de realizar una intensa campaña de limpieza a la que, paulatinamente, se han sumado expertos para su mayor cuidado, lo que llevó al gobierno capitalino a vincularse con una agenda de desarrollo sostenible. Como anota Sergio Vela, “el éxito de este ambicioso proyecto nos debe estimular a todos para participar en acciones colectivas tendientes a rescatar, limpiar y conservar parques, bosques y, en particular, cualquier reducto del casi extinto sistema lacustre de la Ciudad de México”.

El Canal Nacional es un claro ejemplo de la presencia del pasado con la mira permanente hacia el futuro. El agua, tesoro eterno en cualquiera de sus formas. La historia es novedad.

CAJA NEGRA

Que siempre no. La Real Academia Española (RAE) negó haber modificado la norma sobre el uso de la tilde en “solo”, noticia que en la víspera celebraron principalmente reconocidos escritores, esos raros personajes que se ganan la vida a golpe de tecla. Algunos de ellos señalaron que ahora la batalla se centraría por recuperar el acento a “guion”. Pues nada. Van para atrás. La RAE precisó que “no ha cambiado la norma (de 2010), sino que se ha aprobado una redacción más clara”, cuando “su uso entrañe riesgo de ambigüedad”. Como sea, la diferencia es importante, pues nos permite distinguir oraciones como “sólo soy yo cuando estoy solo”.

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