Black Sabbath: el triunfo de la música
Hay casos reaccionarios, como el del 28 de octubre de 1989, cuando la presidencia municipal de León negó el permiso para realizar un concierto de esta banda británica
A Gerardo Calderón, aka El Chiquilín:
Sabbath Bloody Sabbath
Siempre se ha acusado a los panistas de ser “mochos”. A las pruebas se remiten. En el colmo de los excesos, el presidente Vicente Fox le besó el anillo (y no es albur) al papa Juan Pablo II. La entonces oposición priista, orillada a esa condición por primera vez en la historia, se le fue encima al mandatario guanajuatense.
Enrique Jackson, en su calidad de coordinador del PRI en el Senado, señaló que el Estado mexicano es laico, por lo que no debe subordinarse a Iglesia alguna. Los que menos, calificaron de “imprudencia” esa sumisión ante el símbolo del poder papal. Los que más, acusaron a Fox de violar la Constitución.
Como sea, incluso en la transición de los milenios, fracciones de la clase política mexicana se han quedado con las ganas de mezclar el poder con la Iglesia… y a veces se salen con la suya. Ejemplos de posturas conservadoras sobran. Hay, asimismo, casos asquerosamente reaccionarios, como el del 28 de octubre de 1989, cuando la presidencia municipal de León negó el permiso para realizar un concierto de la banda británica Black Sabbath en el estadio Nou Camp. Las razones públicas, dirigidas en inserciones “al pueblo de León, Gto. y a la Opinión Pública del país”, fueron las siguientes: “Por ser instrumento para el consumo de todo tipo de drogas. Por ser motivo para la comisión de actos vandálicos y desorden en nuestra ciudad. Por carecer de los suficientes elementos policiacos para la vigilancia que requiere un evento de tal magnitud. Y por la gran repulsa de la mayoría de los habitantes de nuestra ciudad a ese tipo de ‘conciertos’” (Nótese el entrecomillado de “conciertos”). El alcalde leonés de entonces era Carlos Medina Plascencia, panista de fuste y fusta.
Los organizadores actuaron rápido ante la censura y llevaron la presentación de Black Sabbath al estadio Plan de San Luis, en la capital potosina, pero salió peor: apoyados por la policía local, inspectores le colocaron sellos de clausura al inmueble. Como estoy seguro de que la intolerancia en México no la monopoliza el panismo, esperaba que el presidente municipal de San Luis Potosí de la época fuera un priista apestado en coñac, pero no. Resultó Guillermo Pizzuto, panista muy querido en su región.
Me vino ese recuerdo mexicano por la despedida de la alineación original de Black Sabbath, el sábado pasado (tenía que ser en el sexto día de la semana) en Birmingham, su ciudad, en el estadio del Aston Villa. Precisamente, a ese encuentro se le llamó “Back to the Beginning”, reconocimiento a esa urbe industrial en la que los de Sabbath crearon un género musical cuyos seguidores se cuentan hoy día en millones (la estafeta de la cultura, sin adjetivos, se pasa de generación en generación).
Hace unos 55 años, el guitarrista Tony Iommi, el baterista Bill Ward, el bajista Geezer Butler y el cantante Ozzy Osbourne forjaron el sonido del heavy metal, un estilo crudo, directo y sin concesiones, bebedor del manantial del rock, el blues y el jazz, cuya evolución se aprecia como cientos de fragmentos que suelen agitar los sentidos, pero esas partes pequeñas regresan, de manera inexorable, a su imán: Black Sabbath. Se trató de un festival-homenaje de otras bandas clave como Metallica, Slayer, Tool y embajadores de Aerosmith, The Smashing Pumpkins, Rage Against the Machine, entre otras agrupaciones, más la intervención estelar de los Sabbath, con Ozzy cantando en un trono oscuro debido a su actual estado de salud (y sí, no es lo mismo Los tres mosqueteros que saltar al escenario con más de 70 años).
Circulan videos en la red de este festín musical. Quizás a esos neocristeros les convenga destapar una cerveza y disfrutar de lo que en su día se perdieron en León y San Luis Potosí.
