Superó todas las expectativas. Lejos de desgastarse, la Marea Rosa tuvo su mayor movilización desde que irrumpió en noviembre de 2022. No era fácil preverlo, pues dio un paso arriesgado al decantarse de manera explícita por una opción electoral. Es evidente que la inmensa mayoría de los ciudadanos que participaron en las anteriores marchas y concentraciones vieron esa definición como una consecuencia natural, lógica y necesaria de las causas que los motivaron a tomar las calles y acabaron sumándose muchos más de los que legítimamente decidieron no acompañar esa decisión. Eso se verificó no sólo en el Zócalo de la CDMX, sino también en las otras 102 ciudades donde hubo manifestaciones.
El desconcierto y la destemplanza de las reacciones a la convocatoria generaron mucha atención, controversia y expectación frente a lo que sucedería, contribuyendo así de manera involuntaria al rotundo éxito. Los ataques, calumnias y prescripciones a los potenciales manifestantes, así como los burdos intentos de sabotear la concentración en la Plaza de la Constitución, se les revirtieron no sólo porque eso convenció a muchos de asistir como reacción a los insultantes señalamientos y a la amenaza de que un pequeño grupo de provocadores impidiera su realización, también porque con ello lograron que se convirtiera en el evento con mayor incidencia pública de todas las campañas. De hecho, resultó un acto sin parangón en la historia electoral del país.
Cuando uno lo verbaliza, asoma la cabeza el México surreal. El gobierno de la capital había dado, tres semanas antes, el permiso para usar la emblemática plancha a las organizaciones civiles convocantes, pero, un día antes de que el mitin se verificara, el gobierno federal le otorga a la CNTE la mitad de ese espacio, sin mediar acuerdo con quienes tenían el derecho a ocuparlo en su totalidad. Los propios dirigentes magisteriales dieron cuenta de que las secretarias de Gobernación, Luisa María Alcalde, y de Educación, Leticia Ramírez, los conminaron a que no levantaran su plantón, a pesar de que eso podría provocar enfrentamientos entre ciudadanos y miembros de la disidencia magisterial. Asombra tanta irresponsabilidad y eso que ya nos tienen acostumbrados.
La apuesta del gobierno fue usar a su grupo de choque para estirar la cuerda al máximo, pensando que los organizadores acabarían cancelando. Desde que era opositor, al Presidente le gusta escalar el conflicto y doblar la apuesta para dejarle al otro bando la carga de la responsabilidad de lo que pudiera pasar y eso no ha cambiado por ser autoridad y sus obligaciones legales se contrapongan a los ánimos facciosos que lo dominan. Subestimó a los candidatos invitados y a los ciudadanos, quienes dieron muestra de audacia y civismo para no doblegarse ante el chantaje, tomar prácticamente toda la plaza y hacerlo de manera pacífica. Los conatos de violencia fueron menores y quedaron zanjados muy pronto por los incontenibles ríos de gente que acudieron a atestiguar y adherirse al respaldo de la Marea Rosa a Xóchitl Gálvez, Santiago Taboada y demás abanderados de la alianza.
El absurdo exhorto de la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, para no utilizar el color rosa y el agravio presidencial de llamar “traidores a la patria” a quienes se iban a manifestar le echaron más gasolina al fuego a un evento de por sí sobrecalentado por la amenaza de la CNTE de imponer sus condiciones o de plano reventarlo. Pero, lejos de atemorizarse, una multitud impresionante acudió al Zócalo, al grado de que había más gente fuera de la plaza que dentro. Decenas de miles de personas quedaron varados en las calles de acceso.
Los discursos de Ana Lucía Medina y Guadalupe Acosta Naranjo, a nombre de las organizaciones agrupadas en UNIDOS, lo mismo que los de Xóchitl y Taboada, quienes firmaron el Manifiesto Ciudadano para una Nueva República, quedarán para la historia. Por lo pronto, es una inyección de ánimo y esperanza. Las movilizaciones rosas del 19 de mayo sepultaron la narrativa oficial del “PRIAN”, la alianza va más allá de los partidos coaligados y ya nadie podrá negar la fuerza de los ciudadanos en ella. En dos semanas, la marea vuelta tsunami inundará las urnas.
