Salud: entre el diagnóstico y la reconstrucción

Juana Ramírez

Juana Ramírez

El arco de Juana 

Hablar del sistema de salud mexicano es hablar de una estructura compleja, fragmentada y profundamente desigual. Durante décadas, las políticas públicas han intentado resolver problemas estructurales con soluciones parciales, muchas veces desconectadas entre sí. El resultado ha sido un sistema que, a pesar de contar con profesionales extraordinarios, enfrenta retos persistentes en acceso, financiamiento, infraestructura y calidad de atención.

En el especial de Health Café con el doctor David Kershenobich, secretario de Salud de México, se pone sobre la mesa una conversación que resulta indispensable: el balance del primer año de gobierno en materia sanitaria y, sobre todo, los desafíos reales que enfrenta el país para construir un sistema más equitativo y sostenible.

El análisis parte de una premisa clara: no se puede mejorar lo que no se entiende. El sistema de salud mexicano no es uno solo, sino varios subsistemas coexistiendo con reglas, presupuestos y capacidades distintas. Esta fragmentación no sólo genera ineficiencias, sino profundas brechas de acceso y calidad entre la población. Uno de los temas centrales de la conversación es la prevención. Durante años, el sistema se ha enfocado más en atender la enfermedad que en evitarla. Las consecuencias son evidentes: enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y obesidad no sólo han aumentado, sino que representan una carga financiera enorme para el sistema y un deterioro en la calidad de vida de millones de personas.

El secretario subraya la necesidad de cambiar el paradigma: pasar de un modelo reactivo a uno preventivo. Esto implica fortalecer el primer nivel de atención, invertir en educación para la salud y generar políticas públicas que impacten en los determinantes sociales de la enfermedad. Otro punto clave es el financiamiento. El sistema de salud no puede aspirar a la eficiencia sin una estructura financiera clara, sostenible y transparente. La discusión no es sólo cuánto se gasta, sino cómo se gasta. La asignación de recursos, la planeación de infraestructura y la gestión hospitalaria requieren una visión técnica, basada en evidencia y en resultados medibles.

La infraestructura es, precisamente, otro de los grandes retos. Hospitales saturados, unidades médicas sin equipamiento suficiente y regiones enteras con carencias históricas reflejan la deuda acumulada del sistema con millones de mexicanos. Reconstruir esa capacidad instalada no es tarea de un sexenio, pero sí exige decisiones estratégicas desde el primer año. Lo más relevante de la conversación es el reconocimiento de que el sistema de salud no se transforma con discursos, sino con políticas consistentes, continuidad técnica y visión de largo plazo. La salud no admite improvisaciones ni soluciones de corto plazo.

México necesita transitar hacia un modelo que garantice acceso efectivo, atención oportuna y calidad en los servicios. Eso implica fortalecer la prevención, ordenar el financiamiento, invertir en infraestructura y, sobre todo, construir un sistema menos fragmentado y más centrado en las personas. El primer año de cualquier gobierno suele estar marcado por ajustes y definiciones estratégicas. En materia de salud, ese periodo es también una oportunidad para sentar las bases de transformaciones profundas. La pregunta no es sólo qué se ha hecho, sino si las decisiones tomadas hoy permitirán que, en los próximos años, la salud deje de ser una promesa y se convierta en un derecho efectivo para todos.

En la entrevista para Health Café el doctor Kershenobich explica las estrategias sobre las que se fundamentará la gestión de los siguientes cinco años, los avances, retos e iniciativas sobre las que se está trabajando y que al parecer, nos dijo, hacen parte también de la agenda prioritaria de la presidenta Claudia Sheinbaum. Hay momentos en los que un país tiene que detenerse frente al espejo y preguntarse, sin maquillaje ni eufemismos, cómo está realmente su salud. No la de los hospitales ni la de los presupuestos ni la de los discursos. La salud de su gente. Porque, al final, un sistema de salud no se mide por sus discursos, sino por la experiencia real de los pacientes. Y ahí es donde verdaderamente comienza el reto.

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