Sin maquillaje/ arlamont@msn.com/ 10 febrero 2026

Alfredo La Mont III

Alfredo La Mont III

Sin maquillaje

MÁS DESPACIO

 

¿De verdad comer más despacio mejora tu salud?

 

R. Sí, y no es una moda zen. Comer rápido se volvió casi un deporte moderno: bocados apresurados entre reuniones, almuerzos frente a la pantalla y cenas que parecen competencias de velocidad. Pero la ciencia es clara: bajar el ritmo ayuda a regular la saciedad, reduce el consumo total de calorías y evita picos de glucosa.

 

Cuando comes despacio, le das tiempo al cuerpo de hacer algo que parece obvio, pero que olvidamos: avisarte que ya comiste suficiente. La señal de saciedad tarda entre 15 y 20 minutos en llegar al cerebro. Si terminas tu comida en siete, como muchos adultos hoy, la biología simplemente no alcanza a reaccionar.

 

Estudios en Japón y Corea muestran que quienes comen rápido tienen mayor riesgo de obesidad, síndrome metabólico y hasta hígado graso. Y no se trata de convertir cada comida en una ceremonia espiritual: basta con masticar más, dejar los cubiertos entre bocados o, la más radical de todas, no comer frente a una pantalla.

 

La ironía es deliciosa: en un mundo obsesionado con dietas, suplementos y superalimentos, uno de los hábitos más efectivos es también el más barato. Comer despacio no requiere apps, no requiere fuerza de voluntad heroica y no requiere renunciar al pan. Sólo requiere tiempo… ese recurso que juramos no tener, pero que mágicamente aparece cuando se trata de revisar el celular.

 

 

LOS ÁRBOLES HABLAN

 

¿Es cierto que los árboles “hablan” entre sí?

 

R. Las investigaciones sobre las redes micorrícicas —las conexiones subterráneas entre raíces y hongos— muestran que los árboles intercambian nutrientes y señales químicas. Cuando uno es atacado por plagas, puede enviar “alertas” a los vecinos para activar defensas.

 

No es conversación humana, pero sí un sistema de comunicación ecológica sorprendente. La naturaleza lleva millones de años haciendo lo que nosotros apenas estamos aprendiendo: cooperar para sobrevivir.

 

 

SIN GASTAR

 

Don Alfredo, ¿me puede recomendar algún hábito sencillo que reduzca el estrés sin apps, sin yoga y sin gastar un centavo?

 

R. Hay uno al que todos podemos tener acceso: respirar, pero hacerlo lento y con intención. La respiración a seis ciclos por minuto activa el nervio vago, baja la frecuencia cardiaca y reduce el cortisol.

 

No es filosofía oriental: es biología. Solo un minuto de respiración lenta puede cambiar el tono emocional de toda una tarde. Y puede hacerlo en cualquier lugar: en el coche, en la fila del súper o mientras espera a que el microondas termine su ciclo.