Yo sí creo en los Reyes Magos
¿Se preguntan aún los niños la noche anterior si se han portado bien? (a lo que respondían con un “Mmm, bueno, sí”, con duda e infantil picardía). ¿Aún los niños amanecen la mañana siguiente preguntándose si el camello habrá tomado agua o si habrá rastros del elefanteo del caballo? Todo es ilusión, todo, sorpresa. Era el 6 de enero un día especial, sin clases...
Alrededor de este 6 de enero observo y dialogo con amigos cómo han crecido los hijos, sobrinos o pequeños que conocemos y queremos.
Ya no ponen el zapato con la ilusión de que de madrugada haya una visita y aparezca entonces aquello “que traían los tres magos de Oriente”. No dejan ya los zapatos o calcetines, ropa o alguna cosa para recibir el regalo preciado.
¿Se preguntan aún los niños la noche anterior si se han portado bien? (a lo que respondían con un “Mmm, bueno, sí”, con duda e infantil picardía). ¿Aún los niños amanecen la mañana siguiente preguntándose si el camello habrá tomado agua o si habrá rastros del elefante o del caballo?
Todo es ilusión, todo, sorpresa. Era el 6 de enero un día especial, sin clases y con juegos, gritos, pleitos, risas, la rosca y las tradiciones, ésas que nos unen y que parecen perderse.
Hoy es distinto. En muchos sitios, el 6 de enero únicamente vemos bajo el árbol las ramitas de un pino casi seco. Ya no cabe por la puerta ni el camello ni el elefante ni el caballo. No sé en qué momento perdimos la tradición y nos fuimos a dormir sin dejar zapato.
Este año no, no para mí. Este año he decidido dejar mi zapato e incluir a mis familiares y amigos en un juego donde todos debíamos encontrar algo al despertar.
No un regalo, pues no deseamos obsequios, sino ideales, fe, ilusiones, consejos, consuelos, alientos. Reté a mis queridos a poner en el zapato ajeno lo intangible, tan necesario como el juguete que recibe el niño y que le llena de ilusión.
Ojalá entreguemos recuerdos perdidos, alegrías, fe, me dije. Yo planee dejar mucha esperanza. Esperanza para encontrarnos a nosotros mismos, para ver un mejor futuro o para hacer un mejor futuro. Para encontrar y procurar paz y amor a nuestro alrededor.
El mensaje al final del juego es no perder de vista una tradición así. Comimos rosca de reyes, nos peleamos por el azúcar, escondimos al niño, así perdiéramos una muela, nos reímos de la vida. Bella vida que nos permite recibir en un zapato lo que vemos con el alma.
Nos levantamos juntos, con el corazón y la mente abiertos para comprender lo que nos dejaron los Reyes Magos, que nos conocen bien, por lo que a veces alguno de los regalos no fue de nuestro agrado.
Es también parte del juego y del revivir esa tradición el superar el temor a ser niños un rato. Podemos hacerlo y cuánto lo vale.
6 de enero, inició apenas este año. No importa cuántas veces recibas buenos deseos y felicidades para el Año Nuevo. Cada palabra escrita o dicha, cada abrazo o mirada recibida son intenciones valiosas que resultan vitaminas para el año que empieza.
Como todos, yo también quiero bajar de peso, hacer ejercicio, leer más libros y tener tiempo para el espíritu. Seguramente dejaré en el cajón alguna de estas intenciones, pero iré por ellas.
Recordemos en este punto el no pedirnos demasiado. Nos sobreexigimos a veces y se nos pasa buena parte de la vida tratando de ser mejores, cuando el paquete de actividades para “ser mejores” incluye justamente el disfrutar la vida.
En este 2022 que empieza a caminar deseo que éste sea el año del disfrute, en el que la maravilla que está en las cosas pequeñas y cotidianas sea la sal de nuestros días.
Deseo que podamos recorrer cada día con serenidad, haciendo lo que queremos hasta donde nos sea posible, levantándonos y aprendiendo tras los errores y acertando y agradeciendo. Que podamos aprender a ser felices y enseñarlo a otros. Que podamos creer o volver a creer, pues mirar el mundo con los ojos de la fe lo hace enormemente bello.
Queridos Melchor, Gaspar y Baltazar, yo sí creo en ustedes y entrego hoy estas notas y deseos. ¿Y tú, qué regalaste en el zapato?
¡Feliz Año Nuevo y feliz Día de Reyes!
