¿Y si hacemos lo que hacemos con entrega y sentido?
Somos también las relaciones que formamos y en las que nos apoyamos. Impulsamos en lo personal, pero, gracias a la urdimbre social, también impulsamos modelos de vida que se reflejan en las esferas pública e individual. Ninguna virtud crece aisladamente
Recientemente, a propósito del claustro académico de nuestra escuela de negocios y su foco temático en la responsabilidad social, me acerqué a un caso que quiero socializar con ustedes, pues ilustra muy bien algo en lo que creo.
Empiezo con la frase: “Cuidémonos entre todos y pongámonos en el lugar del otro”. Éstas resultan ser las palabras exactas con las que se publicita un tapabocas en Argentina, uno que hace llamar “tapabocas incluyente”.
La historia es así: Mila Chemin es una marca de ropa argentina que, por el coronavirus, quiso producir cubrebocas y lo hizo con un diferencial claro. Al percatarse de que el uso del cubrebocas sería obligatorio, la fundadora de la marca pensó en la dificultad que tendría un familiar suyo que padece hipoacusia o pérdida de la capacidad auditiva, misma de personas con condiciones relacionadas a lo auditivo o trastornos del espectro autista.
La fundadora notó que el modelo de mascarilla tradicional no permite la lectura labial, por lo que lo transformaron proponiendo una alternativa: un tapabocas con transparencia plástica que facilita que personas con ciertos padecimientos puedan ver los gestos de quienes se comunican con ellos, dando así una solución y una oportunidad a graves problemas de personas y vidas reales.
Conceptualmente, el impacto es enorme. El gesto de esta mujer argentina por el bienestar de un ser querido logró mejorar potencialmente la vida de 360 millones de personas que padecen hipoacusia (¡son el 5.3% de la población mundial, según la OMS!).
Comprendemos ahora que su lema, “Cuidémonos entre todos y pongámonos en el lugar del otro”, no fue sólo una frase vacía o vendedora, sino que también la empresa la hizo viva al incluir, con la mirada y la acción, a quienes muchas veces quedan fuera.
En México y en el mundo existen enormes y muy eficaces aportaciones de consorcios para comunidades y grupos vulnerables, pero escojo este pequeño ejemplo porque es una muestra de cómo la sana y auténtica preocupación por el otro puede construir caminos de ayuda potente y redituable.
Las empresas no son entes abstractos, sino lugares de personas y tejidos sociales vivos. Las personas constituimos las organizaciones en función de nuestras acciones concretas, nuestros objetivos, nuestra intencionalidad, límites, circunstancias y repercusiones.
Pensamos habitualmente en las familias, comunidades, asociaciones, instituciones, empresas o naciones como la suma de personas, pero no sólo es así. Somos también las relaciones que formamos y en las que nos apoyamos. Impulsamos en lo personal, pero, gracias a la urdimbre social, también impulsamos modelos de vida que se reflejan en las esferas pública e individual. Ninguna virtud crece aisladamente.
Es por eso que ese pequeño caso es un gran ejemplo, uno de que una persona puede impactar el mundo, pues la sensibilidad de una argentina se transformó en la responsabilidad de una empresa hacia la sociedad.
De allí decir que, si establecemos conexiones significativas y si cultivamos nuestro propio ser, podremos modificar para bien las relaciones sociales o las culturas de nuestras organizaciones y podremos “salir de las crisis, buscando el bien común”, como nos invita el papa Francisco, en su videomensaje a la Organización Internacional del Trabajo.
Cierro, por ahora esta entrega, con una frase de la escritora inglesa J. K. Rowling (autora de Harry Potter), que leyó en una ceremonia de egresados de Harvard en el 2008: “No necesitamos magia para cambiar el mundo, ya llevamos dentro de nosotros todo el poder que necesitamos: tenemos el poder de imaginar algo mejor”.
Sepamos que nunca cambiaremos totalmente el mundo y, sin embargo, siempre estamos cambiándolo de alguna manera, cada día y desde el área en el que nos desarrollamos profesionalmente. La clave no es otra que incorporar el mundo entero y su bienestar en eso que hacemos, tomando siempre renovada consciencia del sentido y potencial que nuestras acciones tienen sobre los demás. Es posible y bien lo vale.
