¿Y si damos otro grito de independencia?

Definiciones de libertad, todas las que quieras. Yo me quedo con ésta: la capacidad de ser protagonista de mi propia vida, poner todo para alcanzar mi destino, un destino sólo mío, tarea no fácil, pero posible

Llegamos a la mitad del mes patrio. Por menores que sean nuestras salidas, encontramos en las esquinas los colores de nuestra querida bandera, se anuncian actividades y los mexicanos, en medio de diversos sentimientos, nos llenamos de júbilo por festejar a nuestro país. Las fiestas unen, y nada querríamos más que un país unido. Pero ya fue, el Grito de Independencia se dio ayer y los periódicos y noticieros han transmitido cómo se vivió este año, con esta nueva normalidad.

Tomo nuestra independencia para hablar de otro grito que todos quisiéramos dar: el grito por nuestra libertad, pues pocas cosas deseamos tanto como ser libres.

Como escribe una autora y amiga que ya se nos ha adelantado al cielo, Jutta Burggraf, en nuestra sociedad técnicamente desarrollada, pero humanamente empobrecida, existe una evidente uniformidad en el pensar, hablar, vestir, actuar y reaccionar.

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Afirma Carl Jung que “todos nacemos originales y morimos copias”. De alguna manera así es, nacemos absolutamente originales, con un camino, una misión y una historia por escribir. No somos “algo”, sino “alguien”, un alguien llamado a vivir una vida única y apasionante.

A la par, nos encontramos inmersos en una sociedad con prisa, la “sociedad del cansancio”, como nos ha llamado Byung-Chul Han, señalando que el siglo XXI es, desde un punto de vista patológico, un siglo neuronal.

Enfermedades como la depresión, el TDAH, los trastornos de la personalidad y el desgaste emocional o laboral definen los comienzos de este siglo. Una sociedad con gran rendimiento, vasto trabajo y un activismo bien visto. Todo ello son manifestaciones de una libertad paradójica.

Paradójica, porque, como afirma el mismo autor, esta sociedad que corre sin parar es también “la sociedad del aburrimiento”. Nuestros días no nos permiten detenernos a pensar, no nos queda tiempo para nuestros sueños y para construir nuestras vidas. Sólo vivimos.

Entonces, ¿de qué podemos independizarnos? De la manipulación que nos rodea en las redes sociales y la moda, de los iconos que surgen con alguna ideología medianamente atractiva y de nuestros gustos poco controlados. Queremos ser independientes y a la vez tenemos estas ataduras.

Hoy podemos gritar por una independencia, por empezar a soltar lo que nos hace menos libres, lo que nos roba, sin darnos cuenta, la vida. En este “no depender” está la libertad.

Definiciones de libertad, todas las que quieras. Yo me quedo con ésta: la capacidad de ser protagonista de mi propia vida, poner todo para alcanzar mi destino, un destino sólo mío, tarea no fácil, pero posible.

Requiere quitarnos las máscaras que nos ponemos para actuar no como queremos, sino como lo marcan los estándares del hombre-masa, respondiendo a las presiones sociales y a lo que la mayoría ha definido como ”adecuado”.

Podemos, en cambio, independizarnos del qué dirán y decidir. Decidir ser yo misma, cultivar mi destino, hacer de mi vida una buena historia, dejar de lado los estorbos de mi “yo” para ver más allá de mis narices y advertir lo que necesitan los demás, descubrir la alteridad de quienes me rodean y llenarme de sus riquezas.

Si te decides a vivir con un orden interior que se refleje en tu serenidad exterior, ¡más independencia tendrás! Si te desprendes de los miedos de quienes pretenden llenarte de pesimismo por no haber hecho de sus vidas lo que deseaban, ¡más independencia aún!

Cuando se despliega nuestra independencia, el espacio vital se ensancha, la vida parece más bella, y lo es, realmente, porque se da un verdadero despliegue de la libertad personal.

¡A dar otro grito de libertad!, ¡más hondo! Demos el grito callado que puede dar quien es dueño de sí. Gritemos, gritemos silenciosamente a través de nuestros sueños, nuestros proyectos y la construcción de nuestro porvenir. Gritemos al amar, porque cuando amamos somos libres.

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