Y podríamos seguir gritando…
Sólo pensar en esta faceta me hace temblar. Decidir hacia dónde quiero llegar es la respuesta o el hallazgo del porqué de mi vida. Hay que hacerlo, hay que buscar, hay que decidir, hay que errar, hay que levantarse. Lo que no podemos hacer es no movernos. Ya lo dice la frase popular: no hay peor decisión que la que no se toma
Hace dos semanas escribí sobre la independencia, esa que nos hace libres, ligeros, ágiles, felices; la independencia que nos hace dueños de nosotros mismos.
Desde entonces, he seguido pensando en la libertad. Si evoco alguna imagen, puedo dirigirme inmaterialmente al mar, a las nubes, a la brisa, pero estas son imágenes, y la libertad —aunque puede incluirlas— es mucho más que imágenes o sensaciones. La libertad es vida. No es algo pasivo.
Este pensamiento me llevó a la faceta activa de la libertad: la conducción de mi vida, de nuestras vidas. Día con día tomamos decisiones permanentemente. Que si nos vestimos de esta manera o de esta otra, si tomamos refresco o limonada natural. Sin estas pequeñas decisiones no podemos vivir, pero éstas no pueden ser llamadas plenamente libertad, no al menos sin empobrecer el concepto.
Está entonces la libertad, profundamente entendida. Ésa con la que vale gritar de nuevo para decidir el tomar las riendas de la propia vida y preguntarse: ¿qué quiero ser? y, más aún, ¿quién quiero ser?
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Sólo pensar en esta faceta me hace temblar. Decidir hacia dónde quiero llegar es la respuesta o el hallazgo del porqué de mi vida. Hay que hacerlo, hay que buscar, hay que decidir, hay que errar, hay que levantarse. Lo que no podemos hacer es no movernos. Ya lo dice la frase popular: no hay peor decisión que la que no se toma.
Las decisiones, en estricto sentido, no pueden medirse, pero pueden dar idea de su valor, de su grandeza o pequeñez en relación con nuestras aspiraciones o deseos. Con nuestros sueños y trayectorias escribimos cada día el libro más importante que tenemos: nuestra biografía.
Ello, pues las decisiones no sólo me mueven o motivan, sino que me hacen ser lo que soy y me representan. En cada decisión que tomo se queda algo de mí, entrego algo de mí y construyo algo de mi identidad.
Pienso ahora y te invito a entrar en el mundo de la literatura y del cine, fantásticas artes que son una muestra más del potencial del ser humano. Ahí descubrimos países, viajamos, pero sobre todo entramos en la sicología y las motivaciones de los personajes.
¿Has leído La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger o La costurera, de Khair Kahna? ¿Has visto la película Antonia, una sinfonía, El jardín del mar o A prueba de fuego?
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Las recomiendo mucho. Son historias reales que registran situaciones relacionadas con el encierro de la guerra, las persecuciones en Kabul, el deseo de una neoyorquina de origen holandés, la trayectoria de un arquitecto indiano y cómo deja su huella en Estados Unidos, entre otras… Son múltiples historias que tienen esta fibra en común: retratan las vivencias de personajes llenos de sueños y aspiraciones que concretan potentes decisiones y proyectos de vida.
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Estoy convencida de que se vale gritar por nuestras decisiones. Tarareo en este momento la canción Soñé un sueño (I dreamed a dream), que se enuncia como el canto a la libertad, y que, a mi parecer, mueve algo adentro.
Con ese sonsonete, deseo terminar pidiéndote que no te dejes robar los sueños, que no te los robes tú mismo. Esto me lleva a gritar, a gritar que no dejemos que nos roben los sueños, que no nos lo robe nuestra propia vida.
Ya grité “¡no dependencias!”, y hoy he gritado “¡a tomar las riendas de la vida! ¡a no temer!”. Ello porque nos espera un libro, el libro de nuestra vida, que no será incólume, pero será una vida propia, decidida.
No sé si habrá un tercer grito, pero es evidente que yace aquí un recordatorio siempre urgente, y es que, más allá de nuestra propia vida, nos grita la alteridad, el otro, los otros, que esperan de nuestra libertad y de nuestras decisiones.
No dejes de gritar, de soñar, de desear, de decidir, de escribir con buena letra y letra buena tu vida. Haz tuya tu vida y tu camino. Nos vemos pronto.
