Al alumno, su lugar: el centro

La educación de nuestros alumnos requiere que seamos expertos en humanidad, que conozcamos su entorno, sus inquietudes, la avalancha de información que reciben de las redes sociales y que sepamos llevarlos a reflexionar y desarrollar su inteligencia.

Comparto hoy el último artículo sobre las universidades, enfoco mi atención en nada menos que el objeto al que se dirige el esfuerzo universitario: los estudiantes, quienes en su paso por las aulas y pasillos, buscan quizá sin saberlo, la sabiduría.

La universidad es una comunidad educativa, un lugar que aporta valor a las ciencias, los saberes, genera encuentro y diálogo, sin embargo, por sobre todas las cosas, la universidad educa a jóvenes que serán portavoz del mañana, que desconocen su futuro y están forjándolo, jóvenes que sueñan en transformar sus vidas, sus entornos y que pueden hacerlo.

Al hablar de educación es válido disertar sobre tecnologías, oferta educativa y vínculos con la empresa, bienvenido todo ello, pero el foco ha de estar realmente en los estudiantes de hoy, tal y como son, sin los sentimentalismos o vicios de supuestos mejores alumnos de tiempos pasados.

Desde mi labor como académica, aprecio que cada generación sea diferente. No mejor, no peor, sólo diferente, mi impresión de los estudiantes de hoy, es que tienen este fondo común: juventud y sed de aprender, aunque tienen acceso a la información, requieren educación, palabra lamentablemente desvirtuada, cuando es la que nos permite desarrollar facultades intelectuales, morales y afectivas. Recordemos en este punto que educare viene de ducere, cuya raíz indieuropea es deuk, que significa guiar, educar es, guiar o conducir en el conocimiento.

La educación de nuestros alumnos requiere que seamos expertos en humanidad, que conozcamos su entorno, sus inquietudes, la avalancha de información que reciben de las redes sociales y que sepamos llevarlos a reflexionar y desarrollar su inteligencia, pues, de alguna manera, la inmediatez parece estar reñida con el pensar y la capacidad de detenernos a ordenar ideas.

Para ello hay que crear en nuestras universidades lo que hemos venido llamando un ecosistema de bienestar, toda una plataforma de estrategias y acciones a través de las cuales se brinde a cada alumno la oportunidad de desarrollar habilidades blandas, es decir, que se fomente el valor de la salud física, el cuidado del ambiente de esta tierra, nuestra casa, la atención a la salud mental y espiritual, se enseñe a encauzar sentimientos y emociones, a reflexionar sobre lo que les trasciende, entre otros.

Se trata de un ecosistema que refuerce la seguridad de los jóvenes en sí mismos, con consciencia de la alteridad, consciencia de que hay otro que nos aporta y a quien aportamos, que nos debemos a la patria, que podemos influir y romper con las injusticias, y que podemos construir esos mundos posibles que anhelamos.

Hoy la juventud está temerosa y a la vez encubriendo sus miedos en afirmaciones contundentes. Los académicos debemos ser capaces de llegar a lo profundo de su corazón para ayudar a que descubran la maravilla del saber, el querer y el servir, aspectos que, aseguro como docente, los jóvenes desean profundamente.

La universidad no puede ser ajena al anhelo de cada joven, compartido por cada persona, de tener seguridad, justicia y felicidad. Los alumnos son nuestro leimotiv, nos debemos a ellos, pero, vale la pena aclarar, nos debemos a ellos en todas sus dimensiones, en su integralidad, en ese sentido, una universidad verdaderamente universitaria, debe enfocarse en desarrollar jóvenes deseosos de ser mejores, servir a su entorno, ser responsables de sus actos, aprender a elegir, personas que sean capaces de equivocarse sin temor y de aprender de sus errores.

Suelo decir a mis alumnos y alumnas, que defiendan sus sueños por encima de todo. Hoy va el otro lado: invito igualmente a todos los que trabajamos con universitarios a que no matemos sus sueños, sino que, al contrario, hagamos todo lo que esté en nuestras manos para proteger esos sueños y dar a los jóvenes las herramientas que podamos para contribuir a que podamos ver, juntos y pronto, un futuro mejor.

Rectora General, Universidad Panamericana–IPADE

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