La danza de las letras

…y luego hasta atrás, llegó la U, como la cuerda con que siempre saltas tú. CriCri. El presidente López Obrador responderá apenas hoy a la publicación de ayer sobre el alto ...

                …y luego hasta atrás, llegó la U,

                como la cuerda con que siempre saltas tú.

                Cri-Cri.

El presidente López Obrador responderá apenas hoy a la publicación de ayer sobre el alto índice de homicidios registrado durante las primeras semanas de su sexenio. Independientemente de la veracidad certificada o no de las cifras, la reacción del Presidente en su mañanera función de ayer denota la piel sensible de esta administración a cualquier ejercicio mediático que no conjugue con su visión del mundo. La más reciente manifestación de esta hiperreactividad se dio cuando el jefe de Estado se tomó tiempo suficiente para destempladamente calificar de neofascistas, mezquinos y canallas a los tuiteros —un puñado para el volumen de usuarios de ese medio indigno de confianza— que insinuaron alguna relación del Ejecutivo con la muerte de la gobernadora de Puebla y su marido.

El otro día, José Antonio Meade Kuribreña puso precisamente en redes sociales su observación sobre el inevitable costo de 150 mil millones de pesos por la cancelación del aeropuerto en Texcoco, todo basado en lo anotado por expertos en la materia, los ingenieros. Esta vez la piel sensible fue del secretario de Comunicaciones y Transportes, Jiménez Espriú, quien por la misma vía, pero sin argumentos, descalificó la nota del excandidato presidencial como “las cuentas claras de un viejo triste”.

Igual intolerancia mostró el flamante secretario de Turismo, el señor Torruco Marqués, quien, a cambio de ofrecer argumentos, se fue a la yugular de Meade en su ejercicio como secretario de Hacienda, por los malgastos ocurridos durante su función. Puede tener razón, pero manzanas son manzanas y peras son peras.

Un improvisado legislador por Nuevo León, cuyo único mérito político es ser hijo de una popular cantante y cuyo apellido usa como propio, el joven D’Alessio, se subió al cómodo vagón de la cargada. Ninguno de ellos aportó argumentos, sólo descalificaciones. La danza de los números se convirtió en la danza de las letras.

De vez en cuando, especialmente cuando conviene, el Presidente se niega a responder, como a los zapatistas: amor y paz. Nada de gritos ni sombrerazos. Sería bueno que todos sus colaboradores sigan el ejemplo.

PILÓN.-Finalmente, la historia no es más que una repetición cíclica de situaciones familiares, independientemente de la geografía, el tiempo o los personajes. Como muestra, el botón de la toma de posesión del nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, de 63 años, el día primero de este año.

La imagen majestuosa de la pareja presidencial sobre un Rolls Royce clásico, descapotado, revivió en muchos mexicanos fotografías de un pasado ya distante. Sólo faltó en Brasilia la lluvia de confeti.

Pero la reminiscencia va más allá del anecdotario: la historia se repite. Bolsonaro accede al poder luego de la prolongada frustración que ocasionaron tres décadas de gobiernos ineptos y corruptos que sucedieron a la dictadura. El hartazgo que dejaron los gobiernos de izquierda provocó la elección de un derechista radical que pide a sus connacionales unirse en la “misión de reconstruir la patria liberándola del crimen, la corrupción, la sumisión ideológica y la irresponsabilidad económica”. Suena familiar, ¿no es cierto?

La historia se repite. Hace casi dos años Donald Trump sacudió a su país con el nacionalismo exacerbado de su discurso del America First. El martes, Jair no sonó muy diferente: “Brasil por encima de todos, Dios por encima de todos”. Éste, dijo, es el comienzo de la liberación de Brasil del socialismo, la corrección política y el Estado sobredimensionado.

Hay que esperar al siguiente ciclo. Por todos lados.

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