Brinca la tablita
La máxima florentina dice que para vencer hay que dividir los recursos defensivos del contrario. Algo así sugiere Sun Tzu. En el panorama nacional inmediato es evidente que para la institución del poder, que él llama con mayor o menor acierto la mafia, el objetivo a ...
La máxima florentina dice que para vencer hay que dividir los recursos defensivos del contrario. Algo así sugiere Sun Tzu. En el panorama nacional inmediato es evidente que para la institución del poder, que él llama con mayor o menor acierto la mafia, el objetivo a vencer es Andrés Manuel López Obrador. No hay, pese a los intentos desesperados de los profesionales de la infamia, potencial rival para el tan desprestigiado tabasqueño. Hoy, en México la izquierda es inexistente y la derecha es un lavadero lamentable. El PRI, que se refugia en la diáspora, solamente revela el escaso nivel de liderazgo que tiene un flotillero de taxistas. Todas las cosas, decía mi abuela, se parecen a su dueño.
López Obrador no es tonto, es simplemente torpe y obcecado. De su torpeza y obcecación dio muestra notable en su designación de la señora Claudia Sheinbaum como una entelequia detrás de la que se esconde la candidatura a la gubernatura de la capital del país. No se le discute la autoridad omnímoda que El Peje ejerce en su empresa, algo que se llama Morena, se disfraza de partido político y al que nosotros los pendejos contribuyentes y nuestros gobernantes espurios damos dinero. Él tiene la facultad indudable de designar a quien le dé la gana para lo que le plazca.
Dicen los enterados en sabiduría mediocre que las ligas, esos círculos de goma que sirven para agrupar billetes, que diría el señor Bejarano, solamente pueden estirarse hasta que terminan por romperse. Hace un tiempo alguien me enseñó que las ligas se pueden estirar tanto hasta que se aguangan y dejan de regresar a su estado original. Lo que es peor que romperse.
Morena en la Ciudad de México hizo algo que llamó encuesta para escoger a la señora Sheinbaum a fin de que ocupara la oficina de Miguel Ángel Mancera, por allá del restaurado Zócalo. Nadie sabe, nadie supo, quién hizo y cómo la llamada encuesta, cuál fue su metodología, tamaño de la muestra encuestada o de su estructura. Lo único que todos supimos es que el perdedor de esta singular forma del dedazo fue Ricardo Monreal. Un político de los mismos que López Obrador, nada más que en rebelión.
Ricardo Monreal, que ya le hizo daño a un estado y a una delegación a su cargo, quiere ser gobernador de los capitalinos. Yo no sé si lo logre, ni creo que me importe. Lo cierto es que el señor Monreal, que no acepta nada más que la candidatura a la gubernatura de la Ciudad de México, estará como candidato, seguramente independiente, al puesto de alcalde capitalino. Y estoy seguro de que cientos de miles de capitalinos votarán por él.
Divide y vencerás. Entre esos miles de capitalinos que —nada más por joder— votarán en contra de la desfachatez de Andrés Manuel puede resultar que tengamos, otra vez, un gobernador del PRI en la Ciudad de México. O que Monreal, un priista más, se sienta con los tamaños para lanzarse desde el palacio del ayuntamiento a la candidatura por la Presidencia del país.
Claro, muy independiente.
PILÓN.- Hace muchos años me declaré ateo por la gracia de Dios, cuando en realidad soy un pinche agnóstico de segunda división. Me cae de madre que si el procurador general de la República, el licenciado Raúl Cervantes Andrade, no pasa en automático a fiscal omnipotente de nuestro país, encargado de perseguir la corrupción, regreso a que me bauticen.
