El comal y la olla
Un accidente, ciertamente, lamentable que pudo haber sido sepultado en el olvido a pesar de su espectacularidad, se convirtió en el símbolo de la debacle institucional en la que se encuentra nuestro país por el pésimo manejo que de la información sobre el mismo se ...
Un accidente, ciertamente, lamentable que pudo haber sido sepultado en el olvido a pesar de su espectacularidad, se convirtió en el símbolo de la debacle institucional en la que se encuentra nuestro país por el pésimo manejo que de la información sobre el mismo se hizo por parte de quienes manosearon los hechos. Después de todo, en el socavón del Paso Exprés de Cuernavaca solamente murieron dos personas, humildes y —según el gobierno federal— fáciles de incorporar al mainstream de los acarreados y los sobornables. El secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, desde el primer momento se puso a hacer caravana con sombrero ajeno, ofreciendo un millón de pesos como indemnización por cada uno de los dos fallecidos. Un millón de pesos que, según dijo en su momento, el secretario Ruiz Esparza, serían aportados por las dos empresas que al final de cuentas son las principales, no únicas, responsables de la tragedia. Dos empresas que siguen en el directorio de las firmas que van a realizar o están realizando las obras del malhadado Nuevo Aeropuerto Internacional de México.
La insistencia de los medios y de la opinión pública provocó que las diferentes autoridades cayeran en el socavón de las inculpaciones mutuas y múltiples, repartiendo acusaciones con mucho ton y mucho son. Las más recientes las hizo el gobernador del estado de Morelos ante comisiones del Congreso diciendo que él le había advertido a Ruiz Esparza y al propio Presidente de la República que la obra del Paso Exprés en Cuernavaca tenía muchas fallas y que no debía inaugurarse con la premura que se hizo, hacia Semana Mayor. El comal le dijo a la olla y la olla respondió metiendo bulla. Si tan seguro estaba el gobernador Graco de que la obra pesentaba fallas, ¿por qué se formó disciplinadito a cortar, junto al presidente Peña y al secretario Ruiz Esparza, el listón en la inauguración?
Mejor aún, si está tan firme en su afirmación de haberle dicho al Presidente y al secretario que la obra presentaba fallas, ¿por qué no hizo la denuncia ante las autoridades correspondientes, que corresponden muchas? El cinismo es ingrediente imprescindible de la política en todas partes.
En este país lo ejercemos en exceso.
PILÓN.- Cuando se carece de detalles, la información gruesa impacta de mayor manera y confunde de forma excepcional: ¿qué nos está pasando que ni siquiera somos capaces de identificar el problema o detallar su suceso? En el callejón del terror que cubre la franja fronteriza de Tamaulipas, por lo menos, de Matamoros a Río Bravo, el miércoles 18 supuestos delincuentes murieron a balazos en enfrentamientos con las Fuerzas Armadas mexicanas. Eso, según un supuesto comunicado de la Sedena, que ayer por la tarde nadie se atrevía desmentir en su totalidad o confirmar plenamente. Lo que parece indudable es que entre las diez de la mañana y las seis de la tarde hubo ocho horas de balazos en los municipios de Matamoros, Reynosa, Río Bravo, Díaz Ordaz y Valadeces en Tamaulipas. Por añadidura, en el municipio de General Bravo, de Nuevo León, vecino de esa franja fronteriza, hubo también muertos. Al final del día nadie sabe, nadie supo.
A partir de la escasa información disponible, el fenómeno fue similar en cada plaza: los presuntos delincuentes agredieron a balazos a los soldados en los puntos de revisión o bloquearon los accesos hacia sus bases. Los soldados repelieron las agresiones y hay 18 muertos. Al final de estas operaciones siete automóviles fueron decomisados, cuatro de ellos con blindaje de alta protección y un considerable arsenal de armas cortas y largas, así como granadas, cargadores y cartuchos. Pero lo peor no es esto. Lo más lamentable es que no haya autoridad alguna que nos explique exactamente qué es lo que está pasando en la más sensible de las áreas del ejercicio público, la seguridad.
Si esto no es una situación de guerra, se le parece mucho.
