Golondrina viajera

Para los efectos a los que haya lugar en términos de política interna mexicana, las bravuconadas de Donald Trump, que nos pusieron a la temerosa defensa el año pasado, están resultando más fuegos de artificio que otra cosa, y uno quisiera desear que en eso quedaran. ...

Para los efectos a los que haya lugar en términos de política interna mexicana, las bravuconadas de Donald Trump, que nos pusieron a la temerosa defensa el año pasado, están resultando más fuegos de artificio que otra cosa, y uno quisiera desear que en eso quedaran. Que el Presidente de Estados Unidos siga siendo, en la parola popular mexicana, un ave canora de prominentes glúteos que mi abuela llamaba puros pájaros nalgones.

Que muro va, que muro viene, pero a casi un año de su estruendoso anuncio, del muro no hay ni proyecto ni planos ni decisión ni idea. Sobre todo, no hay dinero. Hasta donde parece que van, las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y Estados Unidos tienen la tendencia a mantener un statu quo que ha sido benéfico para los tres países: con ligera ventaja para el nuestro, cuyo superávit comercial con los gringos es muy alto. Todo parece indicar que el vocerío antimexicano quedará en eso, aunque se manifieste, dolorosamente, en la deportación de nacionales que ilegalmente se quedaron de aquel lado, hicieron familia y ahora, inhumanamente, son separados de los suyos por la migra.

El presidente Trump ha devenido en un dictador poderoso y vociferante que difícilmente podrá cumplir lo que promete, incluyendo la invasión a Venezuela y el derrocamiento del brutal régimen de Corea del Norte. Si el mundo se corrigiera a punta de declaraciones y frases contundentes, tal vez viviríamos en un mundo mejor, porque estamos siempre dispuestos a comernos de lengua un plato.

Por la historia han pasado actores políticos o políticos actores que recitaron propiedad, enjundia, displicencia y énfasis donde eran necesarios discursos que habían sido cuidadosamente elaborados por sus inteligentes asesores. Así fueron Churchill, Roosevelt, De Gaulle. El mismo Fidel Castro, aunque el sí, “¿voy bien Camilo?”, era el autor de sus improvisaciones.

Los discursos son solamente palabras que el viento se lleva; como las golondrinas viajeras que quisiéramos que acompañasen a algunos de nuestros poderosos vecinos.

PILÓN.- Ahora, solamente hay una cosa más difícil en el mundo de nuestros días que coincidir, de manera mínima, con cualquier postura, pronunciamiento o frase del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Tal vez creer en el futuro del PRI sea menos condenable.

Y, sin embargo, no puedo cabalmente disentir con la aseveración de Trump en el sentido de que la violencia desatada en Charlottesville por el tema racial tiene dos lados. Y que de ambos lados hubo violencia. Y que toda violencia debe ser condenada, venga de la derecha más débil o de la izquierda más radical.

Muchos jóvenes de mi generación perdieron ideales, pensamiento y algunos la vida por creer la falacia de que la violencia revolucionaria, esto es, justa, tiene todo el derecho moral a su existencia y en última instancia justifica cualquier crimen, incluso el homicidio. Con ese paraguas los terroristas de la ETA o del EI ahora o los de Hezbolá o Al-Qaeda han derramado sangre y repartido duelo por el mundo entero.

Nadie puede justificar a los supremacistas blancos, a los miembros del Ku Klux Klan o todos los clanes que andan por doquier sembrando el odio. Nadie puede justificar tampoco a los radicales que, en aras de combatir al racismo y la discriminación, discriminan con el menos efectivo de los argumentos: la violencia.

Y Trump me sigue cayendo en la charola de los merengues.

Temas: