Contigo en la distancia
Los partidos políticos mexicanos, salvo improvisaciones de última hora, tienen ya una larga cola que les pisen o si se quiere un historial de muchos años, aunque en el curso de ellos hayan cambiado de siglas. De todas formas, sus dirigentes sí son ya veteranos del ...
Los partidos políticos mexicanos, salvo improvisaciones de última hora, tienen ya una larga cola que les pisen o —si se quiere— un historial de muchos años, aunque en el curso de ellos hayan cambiado de siglas. De todas formas, sus dirigentes sí son ya veteranos del oficio, aunque hayan sido saltimbanquis dispuestos a mudar de casaca y colocarse en otro taburete al menor chasquido del pertinente látigo.
Lo menciono porque el disfrute de los placeres sexuales en solitario, mejor conocido como masturbación, siempre se había considerado privilegio supuestamente reservado a los adolescentes y jóvenes menores de ambos sexos, que no tenían los medios o las oportunidades o la educación o la circunstancia social para ejercer una sexualidad plena. Los adultos, generalmente, no se masturban. Se trata, desde luego, de un sucedáneo del placer completo, una especie de plenitud ilusoria.
Las alianzas y coaliciones de los partidos políticos rumbo a las elecciones del año que viene y que desfilan por las columnas y noticias son muy parecidas a esas plenitudes ilusorias de los chamacos y chamacas. Comenzando con la complicidad del PAN y del PRD, que se pretende hacer pasar por una alianza estratégica y programática, como si la única posibilidad de programa político fuese impedir que el PRI se mantenga en el poder. Para ello no necesitan aliarse. Si lo hicieren, ¿usted se imagina a un perredista de corazón votando por un panista o al revés? Algunos cabecillas del PRD y otros del PAN han hecho ya la advertencia: si saben contar, no cuenten con ellos. El meollo del asunto es que no hay una base ideológica común que pudiera limar las diferencias de toque y estilo. Se buscan coaliciones para tomar posiciones personalizadas y la cosa no es así.
El único congruente ha sido, hasta el momento, y lo será, Andrés Manuel López Obrador: con ustedes, ni a la esquina, repite como repite lo del frijol con gorgojo y sus conocidas letanías. Cierto, la tendencia mundial son las coaliciones y la imposibilidad de obtener legitimidad para gobernar por el número de votos. Pero el agua y el aceite no se mezclan y, si no, al baile vamos.
PILÓN.- Yo no sé cuánto tiempo le tomó a Jaime Heliodoro Rodríguez hacerse del apodo de El Bronco, con el que se posicionó en la política mexicana. De lo que no tengo duda es de que, en un dos por tres, se ganó, con mérito abundante, el mote de Trumpito, diminutivo de Trump. En una burda imitación del Presidente de Estados Unidos, el gobernador de Nuevo León acosa a los medios y, sobre todo, a los periodistas que no integran el grupo de sus corifeítos. Si puede, los hace echar de los lugares donde se digna emitir unos sonidos que él considera palabras, que llevan conceptos; soberbio y arrogante, se niega a contestar a los compañeros de medios que no le son gratos y amenaza con ejercer instrumentos de inspección fiscal a los que no se arrojan a sus pies en el elogio. Igualito que Trump.
Todos —incluyendo a Trumpito— debemos estar dispuestos a que se haga en cualquier momento una revisión de nuestros ingresos y egresos. En todo caso, todos —incluyendo a Trumpito— debemos ser castigados en cuanto una investigación imparcial y legal determine que tenemos más dinero que el que legalmente obtuvimos y por cuyo ingreso pagamos impuestos. Utilizar la amenaza de ejercer el terrorismo fiscal no es de hombres. Ni de trompos.
