Te acordarás de mí

En México se estima que hay dos millones y medio de personas en alguna de las dos modalidades del sistema de jubilaciones 
del IMSS.

Bajo un sol constante, a una temperatura frisando los cuarenta grados centígrados, centenares de adultos mayores de 65 años se forman en estos días en Monterrey, desde las seis de la mañana, para obtener una ficha y seguir haciendo cola para esperar a los funcionarios de la Sedesol, que les harán la tremenda gracia de entregarles la fabulosa suma de quinientos pesos que cada mes el gobierno mexicano les hace el favor de regalarles para que subsistan. El trámite, en esta ocasión, puede tomar hasta tres horas, puesto que, precisamente ahora, el gobierno decidió cambiar el sistema y entregarles —o actualizarles— una tarjeta bancaria para que en adelante ya no tengan que acudir a cobrar su pensión, demostrando que están vivos, sino que puedan hacer el retiro en los cajeros automáticos.

En México se estima que hay diez millones de personas en ese generoso sistema de pensiones elementales. Otros dos millones y medio están en alguna de las dos modalidades del sistema de jubilaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social. El más reciente es menos generoso que el anterior, que tampoco alcanza.

Conviven con estas dos realidades decenas de otros planes de pensiones; los trabajadores del Estado tienen el suyo. Los trabajadores de privilegio, los de Pemex o el magisterio, tienen otro. Los gobiernos de los estados difieren en sus particulares programas de retiro.

Lo único que les es común a estos sistemas es que no pueden reñir con las matemáticas. Éstas determinan que el sistema fiscal no genera los suficientes fondos para seguir pagando las pensiones a los viejos que cada año van aumentando el padrón de jubilados. Las afortunadas causas son que los mexicanos estamos viviendo más años que antes; los avances de la ciencia médica hacen que cada vez sea más difícil morirse. La menos afortunada es que cada vez hay menos jóvenes que se integren al padrón fiscal de cuyos impuestos se financian los apoyos a los viejitos. No hay sistema fiscal capaz de solventar esto.

El problema es universal. Europa, con su tasa de natalidad reducida desde hace años, se está convirtiendo en un país de viejos que no aportan nada al Estado y que requieren, además de su pensión, atención médica gratuita por males crónicos y degenerativos que cada vez es más viable —y costoso— atender. Estados Unidos, metido en la bronca política de un Obamacare que Trump está dispuesto a aniquilar y un Trumpcare inexistente, no está en una mejor situación.

Todo esto se monta en un embarcación enfilada, irremediablemente, al cabo de mala esperanza para todos los jóvenes que, cuando dejen de serlo, ni siquiera podrán recibir los quinientos pesos que los viejitos de ahora, a punto de convertirse en carne asada, están “disfrutando”. Si quieren asegurar algún ingreso para sus años postrimeros, deben empezar a separar desde su primer sueldo una porción para depositarla en una cuenta bancaria y así ahorrar para su vejez. Lo que reciban dependerá de la porción que destinen a su ahorro. Es probable que los estudiantes de hoy entiendan esta cruel realidad y comiencen a ahorrar desde su primer sueldo. Hay una generación sandwich a la que nunca le explicaron la verdadera historia del futuro incierto. Te acordarás de mí.

PILÓN.- Cada vez se les hace más bolas el engrudo a los que quieren integrar el TUCOP, todos unidos contra el PRI. Es muy difícil para el burro hablar de orejas, así como los partidos políticos, divididos en clanes y pandillas —excepción del de AMLO— pocas esperanzas pueden abrigar de forjar alianzas. Pero, hablando de burros, el miedo no monta en él.

Temas: