Para la libertad
El hartazgo mundial de los pueblos ante los partidos políticos tradicionales ha tenido diversas manifestaciones. En España, por ejemplo, el surgimiento de organismos de extracción estrictamente civilista y social, como Podemos y Ciudadanos, ha desplazado de la manera ...
El hartazgo mundial de los pueblos ante los partidos políticos tradicionales ha tenido diversas manifestaciones. En España, por ejemplo, el surgimiento de organismos de extracción estrictamente civilista y social, como Podemos y Ciudadanos, ha desplazado de la manera más humillante a los representantes de organismos de vieja casta y prestigio decreciente. En Estados Unidos, aunque la votación presidencial se constriñó como siempre a los dos partidos tradicionales, el candidato ganador lo fue precisamente por no tener nada que ver con el partido que le postuló. Tanto que no solamente los demócratas lamentan el resultado de las votaciones: los mismos republicanos —al igual que los británicos a la hora de votar la salida del Reino Unido de la Unión Europea— se arrepienten de lo que hicieron.
En Francia se alista el arribo al poder de Le Pen, uno de los derechistas más proclives al neonazismo que se recuerde. En México, de cara a la renovación presidencial de 2018, el sentir generalizado es que ninguno de los partidos tradicionales lleva la delantera en materia de preferencias electorales para la Presidencia. Andrés Manuel López Obrador se perfila como una figura creciente no por la magnitud de su propia sombra, sino más bien por el desprestigio de PRI, PAN y PRD, particularmente por el perfil personal de sus dirigentes, la inexistente plataforma política novedosa o la carencia de líderes con el arraigo, carisma y arrastre que pudieran mover multitudes rumbo a las urnas.
Esa combinación de factores ha conducido a la irremediable conclusión de que el próximo Presidente de México tendrá que emerger de las filas de los llamados independientes. Es obvio que López Obrador puede ser calificado de lo que se quiera menos de ser independiente: su carrera la ha hecho por largos años en el PRI y por otros cortos en el PRD. Morena, partido de su propiedad, no es propiamente un partido. De los componentes indispensables para ser considerado un partido, lo único que Morena tiene son simpatizantes. Ni base ni ideario ni programa ni propuesta. Su único capital es la popularidad de su propietario y el hastío que los demás partidos inspiran.
En este panorama se dio en Nuevo León el fenómeno de Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, el llamado El Bronco que hoy cobra como gobernador de ese estado. Al igual que Andrés Manuel, El Bronco no es independiente; se hizo político dentro del PRI y su metodología, lenguaje y actitudes son las del PRI. Tan es así que ya se considera candidato independiente a la Presidencia del país y sus corifeos se han encargado de convencerlo de que puede serlo y además, ganar.
El criterio no solamente es compartido por el establishment que comanda Peña Nieto: es casi seguro que ahí se forjó toda una estrategia para impulsar la candidatura del nuevoleonés. Si se trata de robarle reflectores a Andrés Manuel y seguidores en las urnas, nada mejor que apoyar la campaña de El Bronco. De esa manera, los dos “independientes” le harán un boquete a la línea de scrimmage por donde cualquiera que sea nominado candidato a la Presidencia por el PRI o el PAN —juntos o separados— para una fácil victoria. Que gane cualquiera, parece ser el objetivo, menos Andrés Manuel.
El grave problema es que los partidos tradicionales no tienen una sola figura que reúna capacidad intelectual, experiencia política, carisma personal y un perfil que le libre, siquiera por milímetros, de la sospecha de la tradicional corrupción de la clase política mexicana. Si no resucitan a Manlio Fabio Beltrones, los partidos políticos van a perder en 2017 y en 2018 de manera estrepitosa.
Si ése es el precio de la libertad y el buen gobierno, que sea.
PILÓN.- Ayer comenzó —y terminará el 6 de enero— la última ilusión de revertir la pesadilla que comenzó hacia la medianoche del 8 de noviembre pasado e impedir que Donald Trump tome posesión de la Presidencia de Estados Unidos, pese a que los resultados de las elecciones del mes pasado. El Colegio Electoral, que es una entidad rara en el sistema de elecciones de los vecinos, tiene que ratificar que los delegados que entregaron su voto para el Pelo pintado, efectivamente confirman lo que entonces hicieron. En el papel eso es posible y hay un movimiento de ilusos, un par de delegados demócratas y un republicano, que está promoviendo ese probable milagro. Mi hermano suele decir que vale más una ilusión que un desengaño, pero lo puede aplicar a sus romances, no a la real politik.
El Colegio Electoral y la regla que obliga a los delegados a entregar todos los votos de su estado al partido que haya logrado la mayoría en ese estado, así sea por un voto, son dos anacronismos que la ley electoral norteamericana tiene que modificar, pero eso es otro asunto. Lo cierto es que para Reyes, Trump será ratificado. Y aunque me duela decirlo, es mejor así. si se diera el caso de que el resultado de los comicios fuese revertido, la división que tiene atravesada a la Unión Americana solamente se haría más profunda. La ley es dura, pero es la ley.
