A ti dirijo estos renglones, madre amorosa y prudente, que has sabido apartarte del camino trillado, y preservar el naciente arbolillo…”, Rousseau fue de los primeros que lo vio con claridad. La riqueza de una nación está más allá del oro y la plata. La verdadera riqueza nace de la educación. Un país educado, sin petróleo o minerales, saldrá adelante. Despreciar la educación es despreciar a la nación.
Lo más grave del sainete de los últimos días es contemplar el desfile en desnudez total de la improvisación y cinismo, del desprecio por la educación. Si alguna política pública requiere continuidad es la educación.
Al salir de la Revolución, México era un país iletrado. José Vasconcelos, con Obregón, dimensionó la importancia del asunto y se creó la SEP. Pero nuestro querido México tiene una orografía endemoniada. Por eso Manuel Ávila Camacho decidió crear un organismo dedicado a la construcción de aulas, su secretario en la SEP era Jaime Torres Bodet, nada menos. Todos pertenecientes a la “mafia del poder”. López Mateos encargó a otro mafioso, Martín Luis Guzmán, la creación de los Libros de Texto Gratuitos, para que los materiales también sirvieran como factor igualador. La primera edición fue de 16 millones de libros y en las famosas portadas estaban imágenes de Montenegro o Siqueiros, la ideología era lo de menos. Siendo del mismo partido, la competencia era abierta: mayor cobertura: primaria, secundaria, preparatoria o educación media superior. Más universidades. En los informes presidenciales ese avance era piedra de toque. El país crecía y destinaba recursos a ese fin. Echeverría, en un arranque de locura, común en él, decidió multiplicar estratosféricamente el presupuesto. Pero la educación no avanza a saltos. La intención era correcta, pero primero había que preparar a los maestros, evaluarlos y evaluar a los educandos. Lentamente se fueron logrando las metas: 100% o casi en primaria, secundaria rascando ese nivel y media superior con problemas. Se crearon sistemas alternos para absorber a los jóvenes. Zedillo, con Miguel Limón a la cabeza, introdujo elementos de control a la voracidad sindical. Vicente Fox creó el Instituto de Evaluación Educativa, con el fin de que una instancia externa arrojara luz en el camino. Allí íbamos.
Pero llegó la Cuarta Transformación y comenzó la destrucción. De entrada, el INEE en calidad de cadáver; las escuelas de tiempo completo, a la tumba; qué decir de la educación inicial, que hoy sabemos es elemento central en la formación integral del educando. Equipar a las escuelas no es un expediente cerrado, por eso es tan relevante el programa de Coca-Cola-FEMSA para llevar agua a los recintos educativos –alrededor de mil– que carecen de ella. La higiene de todos, pero sobre todo de las adolescentes que inician su menstruación, pasa por contar con las condiciones para lograrla. El uso de la computadora y las tablets es todo un dilema.
Pero, más allá de especulaciones, los datos están allí. Los países de la OCDE gastan en promedio 12 mil dólares por estudiante al año. México no llega a 3 mil y cayendo. PISA prende todos sus focos rojos: ciencia, matemáticas y lectura en descenso. Gasto en Ciencia y Tecnología: 0.16% en 2025. Pero eso sí, Pemex pierde 2 mil 100 mdp al día y el huachicol fiscal ronda los 600 mil mdp. La cobertura, por primera ocasión en la historia moderna de nuestro país, en picada. Igual que la deserción: primaria, 2.8%; secundaria, 7.5%; media superior, 11.3%. Con ello la productividad no ascenderá y, peor aún, la movilidad social cesará. De los hijos de padres con máximo primaria, menos de uno llegará a tener educación superior (CEEY). Los ingresos de alrededor de 75% de la población quedarán con cambios muy menores.
¡Viene el Mundial! ¿Por qué no recortar los días de clase –más de 12%– violando la ley federal?
Sólo un partido será de día. ¿Por qué no asueto?
Pobres madres trabajadoras, pobres educandos.
Pobre México.
