Elecciones vergonzosas
¿Cuánto tardarán los nuevos juzgadores en aprender la función jurisdiccional?
La elección de jueces en México, es una amenaza a la independencia judicial y a la separación de Poderes. Los jueces deben ser elegidos por mérito y no por votación popular, ya que la justicia no debe estar sometida a la influencia política o electoral.
Luigi Ferrajoli
Para nueve de cada diez ciudadanos la votación llevada a cabo el pasado 1º de junio para elegir juzgadores ha sido considerada no sólo como una defraudación perversa contra la democracia, producto de una burda y cínica alquimia electoral; no fue necesario adivinar que la elección de marras, fue un mero trámite. Para el oficialismo no representó problema alguno inducir la magra votación manipulada con los famosos “acordeones”y otras prácticas de dicha alquimia, producto de una gran experiencia en la práctica de la opacidad, la trampa y la manipulación que resultó en el desenlace electoral.
Amenaza cumplida contra el Poder Judicial, las elecciones del pasado domingo vulneran la independencia judicial al haber sido elegidos perfiles afines al morenismo, juzgadores electos por estas razones y no por su experiencia o conocimientos jurídicos, lo que desde luego compromete la imparcialidad y la independencia de la justicia.
Este fraude perfectamente maquinado ha segado carreras judiciales y proyectos de vida, anulando la carrera judicial y la meritocracia. Se impuso la voluntad de una mayoría espuria, desoyendo a la minoría para vulnerar la independencia de la justicia, arrojándola a los oscuros intereses de la política partidista.El arribo de juzgadores poco capacitados e influenciados, ya por el crimen organizado o por la fuerza política del partido en el poder (al menos medio centenar de candidatos impugnados) con poca o nula experiencia, compromete la imparcialidad de la justicia.
Mujeres y hombres, juristas connotados, con amplia experiencia e irreprochable trayectoria, que creyeron en las reglas de la contienda, demostraron en sus campañas —con limitados recursos, por cierto— con una gran voluntad, esfuerzo y trabajo, que merecían las posiciones en el alto tribunal, tribunales y juzgados, pero al no aparecer sus nombres en los infames y corruptos acordeones, quedaron injustamente a la zaga.
La reforma judicial y su devenir dejaron al descubierto la fragilidad de la división de Poderes, situando al judicial, qué paradoja, en estado de indefensión, sometido al Legislativo y ambos controlados por el Ejecutivo. La meritocracia y la experiencia fueron anuladas, ¿cuánto tardarán los nuevos juzgadores en aprender la función jurisdiccional? De política saben mucho, la justicia para después.
La disputa por la presidencia de la SCJN quedó zanjada por el INE, a pesar de la antinomia constitucional que la aplanadora legislativa en su momento, no observó. La mayoría de votos pone a uno de los elegidos en tal sitial, en contradicción con lo que la propia Constitución que señala que deberá ser el pleno el que elija a quien tendría que ocupar dicha encomienda. Genera gran preocupación al Colegio Nacional de Abogados Penalistas, una más, lo dicho por el próximo presidente del alto tribunal cuando expresa: “Que la justicia no se base en la ‘simple aplicación de la ley, sino en una resolución enfocada en el hecho de que ‘nadie posee la verdad absoluta’”.
A este respecto no se puede soslayar la parte conducente del artículo 14 constitucional que reza: “En los juicios del orden criminal queda prohibido imponer, por simple analogía, y aún por mayoría de razón, pena alguna que no esté decretada por una ley exactamente aplicable al delito de que se trata”.
Particular mención merecen los elegidos de los tribunales de Disciplina Judicial y Electoral del Poder Judicial de la Federación, por fin conformados en su totalidad, eso sí electos con estricto apego al acordeón morenista. El primero de ellos, inquisitorio, cuyas resoluciones no podrán ser apeladas ni impugnadas y tampoco se podrá interponer amparo; el segundo es del dominio público su sometimiento al Poder Ejecutivo.
