Demagogia y populismo

La ley no ha sido instituida para ser un instrumento de opresión. Montesquieu. Concluido el periodo extraordinario de sesiones convocado por la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, con el acuerdo entre los grupos parlamentarios, por “mayoría calificada” ...

La ley no ha sido instituida para ser un instrumento de opresión.

Montesquieu.

Concluido el periodo extraordinario de sesiones convocado por la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, con el acuerdo entre los grupos parlamentarios, por “mayoría calificada” (merced a la sobrerrepresentación del partido oficial) y a solicitud del Poder Ejecutivo, se aprobaron reformas que agravarán la crisis política y jurídica del federalismo mexicano y consecuentemente la gobernabilidad de la República, minando la libertad de sus habitantes.

La reforma a la ley antilavado que fortalece a la UIF, permitiendo el acceso a la información financiera de personas y entidades sin control judicial, con lo que se incrementa el espionaje institucional, la persecución y opresión política; se suma la aprobación de la Ley del Sistema de Seguridad Pública y la Ley del Sistema Nacional de Investigación e Inteligencia en las que se dispone que SSPC, la Guardia Nacional, CNI, las Fuerzas Armadas y fiscalías accedan sin orden judicial a bases de datos públicas y privadas, financieras, biométricas, salud, telecomunicaciones y más. Con la desaparición del Inai se pierde la protección de datos.

Destructiva la combinación de demagogia y populismo, la primera como estrategia utilizada para conseguir el poder político invocando prejuicios, emociones, miedos y esperanzas de las personas para ganar el apoyo popular, mediante el uso de la retórica, la desinformación, manipulando la ignorancia deliberadamente inducida para mantenerla, con intereses políticos, haciendo uso de manera preponderante, de la propaganda. La demagogia, según Platón y Aristóteles, puede producir (como crisis extrema de la República), la instauración de un régimen autoritario oligárquico o tiránico.

En cuanto al populismo, éste se manifiesta durante la crisis política y jurídica institucional de la República, en momentos en los que la salud pública colapsa, la inseguridad no ceja, la corrupción y la impunidad sin control, la justicia se politiza con la “reforma judicial”, la cual la sujetó a las rifas y trapacerías (acordeones) y dejó a la zaga a juristas valiosos con conocimiento y experiencia, en fin, una cantidad de demandas insatisfechas en la población.

Bajo este panorama aparece un líder que forma un partido en el que reúne los intereses, muchos de ellos ilegítimos, deshonestos, indefendibles ética o moralmente; la diversidad ideológica centrada en la polarización social: “No somos iguales”.

En este liderazgo se desarrolla la confrontación haciendo del pueblo, fraccionado, un sujeto político unido en oposición a los poderosos: “La mafia del poder”; acusando el uso de medios de comunicación, recursos económicos, práctica de la política o empresas transnacionales. La parte medular de la narrativa del populismo se centra en la complejidad de la situación social y económica para contrastar dos grupos completamente opuestos, se trata del ejercicio del poder por el poder mismo, con movimientos erráticos sin ningún sustento ideológico.

El populismo se nutre al margen de los principios republicanos y los va erosionando de manera permanente, construye una relación directa entre líder y pueblo sin la mediación de los partidos, sólo el partido oficial, organizaciones sociales, colectivos, fuerzas políticas o instituciones privadas.

El uso de las movilizaciones, el voto popular, las mañaneras, etcétera son estrategias para gestionar el contacto directo del líder con una parte del pueblo, lo que deja a buena parte de la sociedad civil y, en consecuencia a la República, en estado de indefensión.

Aristóteles consideraba la demagogia como la forma corrupta o degenerada de la democracia que conducía al gobierno a una tiranía, de muchos o de unos que gobiernan en nombre del pueblo. En los regímenes populares donde la ley se subordina a la voluntad de las mayorías, política orientada, Aristóteles identifica a la adulación, en función de las emociones colectivas. Así los define como “aduladores del pueblo", ya que priorizan el sentimiento popular sobre el orden normativo.

 

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