Turismo electoral

Esta Ciudad debe atenderse 24/7 porque los descuidos se pagan con vidas humanas, como en la L12.

La oficina del Antiguo Palacio del Ayuntamiento se ha convertido en un sitio arqueológico. Una vista para la foto de los turistas que visitan el centro de la Ciudad de México, pues ya no hay una jefa de Gobierno que despache dentro.

De lunes a viernes el edificio histórico alberga la operación administrativa del gobierno de la CDMX, pero en realidad es un edificio de ornamento para aparentar que adentro se diseña y ejecuta la estrategia que da ruta y sentido a la capital del país. Nada más alejado de la verdad.

La jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, se encuentra de gira electoral. Mejor dicho, está haciendo turismo político a lo largo del país: foto en Guadalajara y selfie en Baja California, sonrisas y atenciones y caravanas, menos para las y los habitantes de la capital del país.

Sheinbaum destapada se creyó –más que nadie– la verdad sobre ser la corcholata preferida, y aprovechará toda oportunidad para tratar de ganar posición entre las otras corcholatas en la frenética carrera que les han ordenado desde el Palacio, no importando el abandono de sus responsabilidades de gobierno.

Y metidos en esto, es preciso señalar que no son lo mismo, porque, a diferencia de los otros, ella tiene un compromiso con los electores que determinaron que ella administre seis años la ciudad. Pero desprecia ese mandato y abandona la ciudad, que en la solución de sus problemas va de mal en peor. Diga lo que diga y cualesquiera que sean sus propios datos, la realidad es contundente, su gobierno fracasó.

Las fotos de las primeras planas que busca con tanta vehemencia acaso revelan su distracción. Claro ejemplo es que la ciudad, en las últimas semanas, sólo le ha servido para despacharse 18 informes de gobierno y vaciar la cartera del dinero público promocionando su imagen, como si con eso el Metro funcionara, la economía mejorara y la inseguridad se resolviera.

Pero qué vamos a esperar que entienda que esta ciudad debe atenderse 24/7 y no da respiro, porque los descuidos se pagan con vidas humanas, como ocurrió con la L12, si hasta en sus propios proyectos fundamentales la nula supervisión se refleja, como es en el caso del trolebús elevado de Iztapalapa.

Carece de sentido explicar el porqué el transporte público es una de las verticales estratégicas que debería ocupar un lugar prioritario en la gestión del gobierno –tal vez por detrás de la seguridad pública y la seguridad social– como una red en la cual se realizan el 78% de los viajes personales dentro de la ciudad. Su importancia es innegable para la movilidad dentro de la Zona Metropolitana y sus habitantes.

Sin embargo, dicha obra es uno de los proyectos que, dijo, eran “más importantes” y hoy, aun así, de los olvidados de la corcholata. Será por lo cual, en un viraje repentino, se pospuso nuevamente la inauguración del Trolebús Elevado para finales de este mes, pues la obra no se encuentra finalizada para abrir sus puertas a los capitalinos.

La decisión de no inaugurar hasta que no esté lista no resta importancia a los demás focos rojos de las obras que se le están quedando a la mitad. Le guste o no, fue electa por seis años para el cargo público; ella es la cabeza de un equipo que, ante su ausencia, sus integrantes se convierten en canicas chocando entre sí en un tablero sin sentido de urgencia o prioridad.

Cada que Sheinbaum arma su maleta, deja encargado el gobierno a un grupo de funcionarios carentes de tacto político y por demás ineficaz, un equipo de pocos méritos en la administración pública, por decir lo menos.

Siga pues la gira y que la feria de las corcholatas se mantenga para deleite del que atiende de 7 a 11 de la mañana como Presidente del país. Sigan las maromas promocionales, las fotos y las sonrisas , y que las matracas entierren el reclamo de abandono de una ciudad que cada vez la espera menos, porque al fin y al cabo todo está pagado con dinero de la gente, qué más puede haber cuando ya se cree que en el cuarto año de gobierno su trabajo está terminado y nada le falta, lo único que sigue es creer que puede andar de turista electoral sin consecuencias.

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